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Por más formal que sea una mina, es muy difícil controlar el impacto que genera sobre el ambiente, los ecosistemas y las comunidades que viven cerca a sus instalaciones. La idea es reducir al mínimos esos impactos, a través del cumplimiento de normas y estándares internacionales, para poder maximizar los beneficios.

Vista panorámica de la Minera Yanacocha en Cajamarca. Fuente: Wikipedia.

Mina a tajo abierto, muy comunes en el país. Fuente: Wikimedia Commons.

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A 40 kilómetros de la ciudad de Cajamarca se encuentra la mina de oro más grande de Sudamérica (ya saben a cual me refiero). Esta minera cuenta con dos diques, uno en el Río Grande y otro en el Río Rejo, los cuales fueron construidos originalmente para controlar los sedimentos producidos por los relaves de la mina. Actualmente, los diques sirven como reservorios de agua para las temporadas secas, permitiendo regar los campos de cultivo de la zona.

Existen evidencias [aquí y aquí] de que los ríos cercanos a la mina —que, a su vez, son afluentes de otros ríos más importantes como el Jequetepeque— presentan niveles elevados de ciertos metales pesados como el cadmio (Cd), arsénico (As) y plomo (Pb), los cuales podrían acumularse en los productos alimenticios de la zona y poner en riesgo la salud de los pobladores. El problema es que nadie ha estimado ese riesgo.

Fue así que un grupo de investigadores de la Universidad de Barcelona (España) y la Universidad Nacional de Cajamarca, liderados por la Dra. Marta Barenys, fueron en busca de la información necesaria para poder estimarlo.

El primer paso fue determinar cuál era la dieta básica de estas personas. Este es un dato muy importante porque en función a lo que comen uno puede estimar el riesgo de estar expuestos a determinados compuestos tóxicos. No es lo mismo la dieta de un amazónico (rica en pescado) que de un andino (rica en granos y tubérculos). Los peces acumulan más mercurio que las papas, por lo que los amazónicos estarán más expuestos a este elemento dependiendo del nivel de contaminación de los ríos.

Los investigadores seleccionaron once comunidades ubicadas entre la mina y la ciudad de Cajamarca [ver los puntos negros (•) en la figura]. En cada comunidad entrevistaron a unos cuantos pobladores con el fin de determinar detalladamente qué es lo que comían y en qué cantidades. Incluso calcularon la proporción de cada ingrediente —a partir de las recetas locales— para determinar su contribución en la dieta total.

Zonas de muestreo. Puntos negros: Encuestas sobre dieta. Puntos blancos: Colecta de muestras alimenticias.

Zonas de muestreo. Puntos negros (•): Encuestas sobre dieta. Puntos blancos (ο): Colecta de muestras de agua y alimentos.

En total se entrevistaron a 36 individuos (28 hombres y 8 mujeres). El bajo número de encuestados —especialmente de mujeres— se debe a la desconfianza de los pobladores hacia los investigadores y porque son los hombres quienes actúan como mediadores entre la familia o la comunidad con el mundo exterior.

El siguiente paso fue colectar muestras de agua y alimentos en cuatro puntos diferentes [ver los puntos blancos (ο) del mapa], de acuerdo a la composición de la dieta básica de los pobladores locales [ver la Tabla]. Para aquellos productos que no son propios de la zona, por ejemplo, el arroz y ciertos vegetales, las muestras fueron colectadas de un mercado de la ciudad de Cajamarca. Un total de 145 muestras (130 de alimentos y 15 de agua) fueron enviadas al laboratorio de toxicología de la Universidad de Barcelona para su análisis.

Productos más consumidos en las comunidades cercanas a la mina respecto a los datos del INEI.

Productos más consumidos en las comunidades cercanas a la mina comparados con los datos del INEI.

Una vez determinada la concentración de metales pesados en las muestras de agua y alimentos, y de acuerdo a la cantidad consumida de estos productos en gramos por día [ver la tabla], Barenys y su equipo observaron que los niveles de cadmio, arsénico y plomo que ingerían los pobladores locales diariamente excedían los límites establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los resultados fueron publicados la semana pasada en Food and Chemical Toxicology.

La principal fuente de arsénico fue el agua y el arroz alcanzando niveles de consumo diario promedio de 0,5 μg/Kg, cuando la EFSA establece que entre 0,3 y 8 μg/Kg hay riesgo de lesiones de piel y cáncer en humanos. También se determinó que las poblaciones que viven más cerca a la mina están más expuestas al arsénico a través del agua.

Respecto al cadmio, los principales contribuidores son las papas y el arroz. Los investigadores estimaron un consumo diario de 0,36 a 0,42 μg/Kg, cuando el límite establecido es de 0,35 μg/Kg diarios (2,5 μg/Kg por semana, según la EFSA). En este caso, no hay diferencia si la población se encuentra más cerca o lejos de la mina ya que el arroz se compra en el mercado de la cuidad de Cajamarca. Los investigadores no lograron determinar de donde viene el arroz, aunque lo más probable es que sea del valle del Río Jequetepeque, que está más cerca a la zona. Respecto a la papa, el tubérculo es producido en la misma zona por lo que la presencia de cadmio se puede deber al agua con la que se riega.

En cuanto al plomo, la principal fuente de exposición fue el agua, por lo que las poblaciones más cercanas a la mina presentaron niveles de consumo diario mayores —de 1,5 a 1,9 μg/Kg. Según la EFSA, los niveles superiores a 0,63 μg/Kg y 1,5 μg/Kg diarios aumenta el riesgo de toxicidad renal y problemas cardiovasculares, respectivamente.

Si bien es cierto el número de participantes que formaron parte del estudio no es muy grande y estuvo compuesto principalmente por varones jóvenes (de 12 a 17 años), los resultados son importantes para poder establecermedidas que permitan reducir el riesgo al que están expuestos las comunidades rurales que habitan cerca a las instalaciones mineras.

También es importante establecer normas, estándares o niveles máximos permisibles de metales pesados en el agua basado en evidencias y de acuerdo a los patrones alimenticios y la dieta de cada región, porque dependerá de ella el nivel de exposición a determinados compuestos nocivos para la salud.

Referencia:

Barenys, M., et al. Heavy metal and metalloids intake risk assessment in the diet of a rural population living near a gold mine in the Peruvian Andes (Cajamarca). Food Chem. Toxicol. (2014), DOI: 10.1016/j.fct.2014.06.018

Fuente: http://elcomercio.pe/blog/expresiongenetica/2014/07/metales-pesados-dieta-cajamarca?ref=nota_ciencias&ft=contenido

Publicado el 10.07.2014 por: David Castro @davidzote


 
Publicado en Semana Económica
Por Paolo Benza

26 Mayo 2014

En pocas palabras, es cada vez más caro y complicado producir oro. Esta es la principal razón por la que Carlos Gálvez, gerente de Administración y Finanzas de Buenaventura, cree que el precio del metal volverá a subir y se ubicará por encima de los US$1,500 la onza en el 2015. Pese a ello, su compañía ha tenido que reducir y focalizar su presupuesto de exploración en los últimos años. “Y es simple, no puedes encontrar lo que no puedes buscar”, dice. En esta entrevista, Gálvez cuenta algunos de los planes de la compañía para el futuro cercano.

¿Va a haber lugar para las minas de baja ley y baja producción en el mercado de oro?

Si revisamos los descubrimientos auríferos de clase mundial de los últimos 15 años, encontraremos que ya no son de las calidades de hace dos décadas. Los dos últimos están en Nevada y Filipinas, ambos tienen entre 10 y 15 millones de onzas, pero están en profundidad, son sulfuros, de difícil explotación y más difícil metalurgia. No son del costo competitivo al que estábamos acostumbrados. Por eso, el costo total de la industria hoy está ampliamente por encima de los US$1,200 la onza y el costo de efectivo supera los US$750 la onza. Entonces, la inversión no es atractiva.

¿Cómo percibe que han evolucionado las restricciones sociales y ambientales en exploración?

Cada vez son peores. En el Perú, en particular, además de las expectativas generadas en las comunidades, tenemos la expectativa generada a los ilegales e informales, que pretenden que las empresas formales no puedan explorar y ni operar, para manejar ellos la operación. Simplemente veamos lo que pasó en Tambogrande (Piura): esa es una muestra de lo que se está pretendiendo y lo que se podría replicar. Si además ponemos la consulta previa –que todavía no se ha realizado en actividad minera– a comunidades que no tienen el perfil para ser consultadas, sino que cualquiera que se pone una pluma ya tiene derecho a ser consultado, la cosa será aún más difícil.

Buenaventura pretende producir 900,000 onzas este año ¿Qué tiene planeado?

No sé si alcanzaremos las 900,000 onzas. Es una guía, un objetivo loable, y estamos haciendo nuestros mejores esfuerzos para acercarnos a ello. Lo que nos queda por hacer es seguir explorando, desarrollando, construyendo y poniendo en producción nuestros proyectos. Para eso tenemos los que hemos realizado en los últimos años: La Zanja (Cajamarca), Tantahuatay (Cajamarca) y Breapampa (Ayacucho) en oro. Además, estamos en vías de construir el proyecto de Tambomayo (Arequipa), que es de oro y plata, y seguiremos en la brega a pesar de todo.

¿Cómo se va a suplir Yanacocha, a la que le quedan 5 años?

Si nos remitimos al concepto de reservas, es decir, el mineral económicamente explotable, demostrado y que cuenta con todos los permisos y las factibilidades, es cierto que nos quedan 5 años. Sin embargo, eso cambia si es que consideramos Conga. Entonces, se extiende por lo menos por 15 años más. Por otro lado, recordemos que Yanacocha inició sus operaciones en 1993, cuando el precio del oro estaba entre US$290 y US$300, y hoy día está en US$1,300. Tendremos que evaluar si se puede regresar a explotar las minas que se dejaron cuando el precio estaba más bajo. Luego, continuaremos explotando y profundizando los depósitos. Ya no serán solamente óxidos, seguramente serán sulfuros y habrá que tener un trabajo más intensivo, más demandante y de más altos costos, pero acorde con los tiempos.

Si asumimos que Conga es un proyecto necesario, ¿qué plazos manejan para llevarlo a cabo?

Si los planetas se alinean y se toman las decisiones, Conga es un proyecto que se puede ejecutar y concluir en tres años. Así que dependerá de cuál sea el momento de la bajada de bandera.

¿Cuánto se ha reducido su presupuesto de exploración?

Hay tres tipos de exploración. La primera es en los propios los yacimientos mineros, básicamente para reponer reservas en vetas; la segunda es la exploración brownfield, en los alrededores de nuestras unidades, en el mismo distrito y donde están las zonas más conocidas y con mejor información; y la tercera es la exploración greenfield, que se da fuera de nuestras áreas de operación. Esta última podría generar nuevos hallazgos, totalmente distintos a los conocidos, que traerían como consecuencia la construcción de un nuevo proyecto con una planta propia, pero es más riesgosa. Nosotros hemos reducido nuestras exploraciones más riesgosas y nos hemos concentrado en las exploraciones brownfield y en aquellas adyacentes a los depósitos que así lo ameritan, como Orcopampa (Arequipa), La Zanja (Cajamarca) y Uchucchaco (Lima), que es de plata. Desde luego, cuando uno se focaliza, también reduce sus presupuestos y eso es lo que estamos haciendo.



El agua o el oro o cómo una mina divide al Perú

Conga es el proyecto minero más importante para el desarrollo del Perú. El más resistido también por los habitantes de Cajamarca, la región donde se tendrían que secar cuatro lagunas para extraer el oro. Por las protestas, el lugar está bajo estado de emergencia y el Presidente Ollanta Humala ha debido cambiar dos veces el gabinete. Esta es la historia que se vive en la sierra peruana y en Lima.

por Marco Avilés

Fuente: diario.latercera.com (Chile)

Laguna Cortada

La mañana del 28 de julio, mientras el presidente del Perú caminaba hacia el Congreso para dar su discurso anual de Fiestas Patrias, el estudiante de ingeniería ambiental Jorge Chávez, de 22 años, cara de ratón de biblioteca y de 60 kilos de peso, sintió una mezcla de miedo y dolor cuando un policía le estrujó los testículos en plena calle, al tiempo que le gritaba:

-Entra al carro, conchetumadre.

Entre el presidente que saludaba con la mano a los vecinos del centro de Lima y el estudiante que era arrastrado de los genitales, mediaban 968 kilómetros. Chávez vive en Celendín, una provincia de la sierra norte del Perú que esa mañana cumplía 25 días en estado de emergencia. Muchos de sus vecinos se oponen al gigantesco proyecto minero Conga, pues temen que el agua se contamine o falte una vez que comience la explotación de oro y cobre. Por eso han realizado paros, marchas y vigilias durante casi un año. El 3 de julio murieron cuatro personas, durante una protesta en la plaza que terminó en una balacera. Una de las víctimas fue un estudiante de 16 años que, según su madre, quería ser predicador religioso. Ahora, a causa del estado de emergencia, las personas no se pueden reunir libremente y los policías pueden ingresar a las casas sin permiso de un juez o, ya en la libre interpretación de la ley, pueden cogerte de la bragueta cuando lo crean conveniente. Esa mañana, el estudiante Jorge Chávez entró al patrullero gritando de dolor, pero antes arrojó su pequeña cámara Lumix, regalo de su padre. Siete fotos y un video describen la escena que antecede al apretón policial.

Era un sábado apacible y el sol invitaba a tomar fotografías. Tres soldados del Ejército posaban abrazados frente a la pileta de la plaza, como amigos en un viaje de turismo. Al fondo estaban esas montañas donde la naturaleza ha juntado dos tesoros valiosos, pero -en esta historia- irreconciliables: el oro y el agua. Debajo de las lagunas de Celendín hay mucho oro. Para extraerlo, el consorcio minero Conga necesita al menos 17 años de explotación continua. En ese período, la compañía invertirá casi US$ 5 mil millones, empleará a 10 mil personas y, además, asegura que mejorará el abastecimiento de agua de la región. Esa es su oferta. Los economistas dicen que de Conga dependerá que el Perú mantenga su ritmo de crecimiento, esa bonanza que en las ciudades más grandes crea la sensación de que el país se desarrolla mientras parte del mundo se descalabra. Y si Conga no va, por el contrario, el progreso podría interrumpirse. El pánico que esa posibilidad genera en las ciudades se enfrenta a otro miedo, más local, más rural. En Celendín y otras dos provincias implicadas en el proyecto, la mayor parte de los ciudadanos son agricultores y crían ganado. Ellos temen que la explotación contamine las fuentes de agua que utilizan. Para explicar que su miedo no es irracional citan la historia de Hualgayoc, una provincia minera donde las aguas de dos de sus ríos son de color rojo.

Una noche, a comienzos de 2011, el candidato a Presidente Ollanta Humala visitó aquella localidad y pronunció un discurso en la plaza de armas ante una multitud.

-He visto un conjunto de lagunas y me dicen que las quieren vender. ¿Ustedes quieren vender su agua?

-Noooooo.

-¿Qué es más importante? ¿El agua o el oro?

-El aguaaaaaaaaa.

-Porque ustedes no toman oro. No comen oro. Nuestras criaturas toman agua. El ganado toma agua. Y de ahí sale la leche. Salen los quesos. Sale la riqueza. La agricultura necesita el agua. El agua para los peruanos. ¿Y cómo la vamos a defender?

La respuesta de la multitud es difícil de entender, pero se oyen gritos de apoyo.

Un año después, el Presidente Ollanta Humala respalda el proyecto minero. En Celendín, sus antiguos seguidores dicen de él: nos traicionó, nos estafó, nos mintió. Las paredes de algunas calles están pintadas con grandes mensajes, “Conga no va”, “Agua sí, oro no”. Esa mañana de fines de julio, el estudiante Jorge Chávez y cuatro amigos iban a ver por la televisión el discurso del presidente. Esperaban que anunciara el fin del estado de emergencia.

Habían sacado un televisor viejo a la vereda. La calle estaba vacía, pero pronto asomaron por allí cinco policías. Debían apagar el televisor, les dijeron. Estaba prohibido reunirse. Nadie se movió. Un agente tomó la iniciativa y tiró del cable de corriente. Los vecinos de los negocios contiguos se acercaron a ver qué ocurría. Chávez encendió su cámara y comenzó a fotografiar la discusión. ¿Acaso estaba prohibido ver el mensaje? Un agente sacó su celular y grabó a Chávez grabando la trifulca.

-¿Por qué me filmas? -le preguntó.

-¿Por qué me filmas tú? -replicó Chávez.

El video termina allí. El policía arrastró de los testículos al estudiante al interior del patrullero y le golpeó la espalda con la palma abierta durante el trayecto hacia la comisaría del lugar. Allí, junto a un colega, condujo al muchacho a una habitación donde había unos colchones sucios sobre el suelo. Chávez recuerda que el hombre estaba tan furioso que le lanzó un puñete a la boca. La sangre que brotó asustó a los policías. Lo llevaron al baño para que se lavara. Alguien abrió el grifo. No había agua.

Afuera de la comisaría habían llegado la madre del estudiante y su hermana, de 17 años, junto a algunos amigos que hacían llamadas telefónicas. Intentaban comunicarse con organizaciones de derechos humanos y con un congresista de la región. Temían que los policías trasladaran al muchacho al coliseo deportivo del pueblo, donde los soldados del ejército han establecido su cuartel y donde, según ellos, le sacarían “la mugre”.

-Somos gente de bien -repetía la madre, Lucila Ortiz.

Es una mujer menuda, de cabello entrecano, y esa mañana vestía una camiseta blanca en cuya espalda se leía el lema: “Conga no va”. Me contó que su hijo era muy aficionado a la fotografía desde sus años de colegio y ahora alimenta un blog con noticias sobre los proyectos mineros de la región. La noche anterior, Chávez se había acercado al fotógrafo de esta historia para conversar sobre cámaras. Tenía una teoría. “Los policías te respetan según el tamaño de tu cámara”, le dijo mostrándole su modesta Lumix. Le ilusionaba tener algún día un equipo profesional.

Al día siguiente, el rumor del mensaje a la nación llegaba hasta las puertas de la comisaría desde las casas cercanas.

-A mayo del presente año -leyó el presidente en un pasaje-, el 74% de los conflictos activos en el país corresponden al tipo socio ambiental.

Comunidades de Huasmín

Se refería a los 127 casos donde los ciudadanos de una localidad se oponen a proyectos u obras que podrían dañar el lugar donde viven. En la región Cajamarca, adonde pertenece Celendín, hay nueve. En la ciudad de Lima, ninguno. Los conflictos irresueltos originan paros, huelgas y marchas. Conga sólo es una de aquellas historias. La que más inestabilidad ha creado al actual gobierno. Esa mañana, en el Congreso, los ministros del tercer gabinete que el presidente ha formado en menos de un año, escuchaban el mensaje en primera fila. Entre ellos estaba el abogado Juan Jiménez Mayor, el nuevo Primer Ministro, quien había intentado distanciarse de su predecesor, un ex militar que solía expresar sus rabietas por Twitter. “¡Este es el gabinete del diálogo!”, les dijo Jiménez a los periodistas el primer día en el cargo.

A casi mil kilómetros, un policía salió de la comisaría de Celendín y fotografió a los familiares y a los amigos del estudiante arrestado por fotografiar a los policías.

-¿Por qué me tomas fotos? -le preguntó la madre del muchacho- ¿Acaso no han detenido a mi hijo por eso? Déjenme verlo.

El policía guardó la cámara en un bolsillo y, antes de marcharse, susurró algo al oído de un colega. Este se acomodó el fusil sobre el pecho con un gesto rápido y acaso inconsciente que, a fin de cuentas, expresaba toda su autoridad. Entonces, con lacónico enfado, respondió:

-Señora, cálmese, el chico ya no está aquí.

***

La distancia entre Lima y el resto del Perú no sólo es geográfica, sino afectiva. El 19 de junio, dos lectores del diario El Comercio discutían en un foro sobre el proyecto Conga. “Lo más razonable sería someter a un referéndum nacional esta propuesta injusta para arrasar con el ecosistema de Cajamarca”, escribió uno de ellos. Se llamaba Fernando Obando. Treinta y dos minutos después, Jorge Reyes le respondió: “Nada de referéndum. La chusma no puede imponerse”.

Unos temen la contaminación. Otros, el fin del crecimiento económico. En Lima, donde se ejerce la alta política peruana, la bonanza mantiene la ilusión de que el futuro de la capital será el de las grandes ciudades del mundo: vendrán los rascacielos, grandes restaurantes al filo del mar, nuevas cadenas de hoteles y -como ha advertido el Presidente Humala- quizá un tren subterráneo. Lima está enamorada de lo que será.

Ese futuro, sin embargo, debe conjugarse en condicional. Sólo será posible si Conga va. De lo contrario, ocurrirá el desastre, como profetizan algunos líderes de opinión. “Si Conga no va, sería como dispararnos a los pies”, escribió en una columna el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski, quien compitió con Humala por la presidencia del país.

Las metáforas viajan, evolucionan, mutan en manos del pueblo. Unos temen a la contaminación. Otros, a que termine la bonanza. La política moderna, sostiene el ensayista francés Paul Virilio, no es otra cosa que la administración del miedo público. Y en el caso peruano, de aquellos miedos.

La noche antes del discurso presidencial, los soldados con sus fusiles controlaban la plaza de Celendín. La imagen invitaba a refugiarse en un local donde hubiera cerveza y buena conversación. El hotel de Gustavo Salazar ofrecía ambas. El es un contador que trabajó durante 30 años en el Banco de Crédito, en Lima, y ahora vive su jubilación administrando un hospedaje en la plaza del pueblo. Es un hombre calmado, de mirada dura y frases categóricas. “Todos tienen derecho a opinar -dijo mientras me atendía- pero no con violencia”. El prefería no participar en las acciones que organizan sus vecinos. Hacía unos minutos, unas 200 personas -hombres, mujeres, ancianos, niños- habían llegado a la plaza, caminado en silencio y dejado en el atrio de la iglesia decenas de velas encendidas. La policía les recordó que estaba prohibido reunirse y les pidió que se retirasen.

-Toda esta situación ha perjudicado a los negocios -añadió Salazar con resignación de comerciante-. Necesitamos el agua. Pero también el dinero.

En el centro del hotel, seis peces nadaban en una pileta de agua verdosa.

-Es obvio que lo que ha creado Dios, el hombre no lo va a igualar -prosiguió el dueño.

Hablaba en un tono filosófico, pero no se refería a la fuente sino al procedimiento que seguirá el consorcio Conga para extraer el oro. Primero, secará una laguna para convertirla en una mina de tajo abierto y utilizará otras dos para depositar allí los relaves. Después, construirá cuatro reservorios de agua que se alimentarán de las lluvias y que, según su estudio de impacto ambiental, garantizarán el suministro a las 40 mil personas que se abastecen de los ríos que nacen de aquellas fuentes. Así como hay políticos y líderes de opinión que apoyan el proyecto por razones económicas, del otro lado están los ingenieros y ambientalistas que se le oponen por razones de salud pública. El ex funcionario del Banco Mundial Peter Koening es un experto reconocido en manejo de agua y ha explicado que las 20 lagunas y 600 manantiales que existen en aquella zona forman un sistema interconectado de agua, como un aparato circulatorio. Dañar cuatro lagunas será afectar todo el conjunto. Las metáforas evolucionan.

-Un reservorio nunca será igual que una laguna -diría tres noches después un agricultor, dirigiéndose a 50 de sus vecinos, en un pueblo cercano a las fuentes de agua-. Es como el corazón. Si te cambian el corazón por uno falso, todo tu cuerpo y tu sangre cambiarán. El agua de las lagunas es buena, es natural, como la sangre. No es agua empozada. Se filtra por el suelo. Se evapora. Se limpia sola. Allá arriba hay animalitos que viven. Hay truchas. Hay patos. Ellos y nosotros tomamos esta agua.

Ahora, frente a la pileta verdosa del hotel, el antiguo contador bancario que nunca protesta en la calle ni enciende velas, me dijo que los limeños se habían acostumbrado a mirar a las provincias “por encima del hombro. Parece que preferirían que no tuviéramos una opinión”.

***

El estudiante Jorge Chávez se levantó de la cama y se quitó la camiseta para mostrar sus brazos con moretones. Estaba en casa y se distraía mirando la televisión. Hablaba despacio, con pausas, debido al dolor en la boca. Su labio superior lucía hinchado y ocultaba una herida. Los policías que lo detuvieron en Celendín lo trasladaron a una oficina de Cajamarca, a tres horas de distancia, mientras por las redes sociales circulaban noticias y reclamos sobre su arresto. Chávez dice que, al verlo, el oficial a cargo de esa oficina se puso nervioso y empezó a hacer llamadas telefónicas. Su despacho estaba lleno de funcionarios pro Derechos Humanos que esperaban noticias. Liberó a Chávez casi de inmediato.

-Supongo que no soy peligroso -dijo mientras volvía a vestirse, un día después del arresto.

-¿Has visto tu cámara? -le pregunté.

Negó con la cabeza. Su padre, que escuchaba la conversación, se la entregó apenado. Es un hombre bajo, de hombros anchos, que administra un hotel. Chávez revisó el artefacto con minuciosidad de relojero. El lente estaba abierto y no se podía cerrar ni cuando se apagaba la cámara. “Puta madre”, susurró. La dejó sobre el velador y salió a la puerta de su casa a tomar aire. Un policía estaba parado en la vereda, vigilando. Chávez retrocedió y, mirándome, confesó:

-Lo peor es que ahora me dan miedo.




Luis Zavaleta Vargas es dueño de Universal Metal Trading que tiene sucursales en zonas de minería ilegal.

Óscar Castilla
Unidad de Investigación de El Comercio

El director general de Hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas (Minem), Luis Vicente Zavaleta Vargas (62), es el dueño de una de las mayores empresas exportadoras de oro del país, la misma que está en la mira de las autoridades que luchan contra el lavado de dinero y la evasión fiscal por ser sospechosa de comprar oro ilegal a través de las dos agencias que mantiene en los centros de las mafias de extracción ilícita de este codiciado metal: las ciudades de Puerto Maldonado y Huepetuhe.

Luis Zavaleta Vargas, un ingeniero que trabaja con perfil bajo en el sector petrolero desde los años 70, creó en 1999 la empresa Universal Metal Trading SAC –que solo el año pasado exportó 19,2 toneladas métricas de oro valorizadas en US$901 millones, según la Sunat– pero colocó como gerente general a su hermano Jorge Marino Zavaleta Vargas (59), un ingeniero que se dedica a la manufactura de joyas y a la exportación y compra de oro y de otros minerales.

La constitución de la empresa Universal Metal Trading SAC del director general de Hidrocarburos dice lo siguiente en Registros Públicos: “Compraventa de toda clase de metales preciosos, transformación, refinación, purificación de oro, plata y otros metales, así como manufactura de oro, fabricación, exportación y comercialización”.

Ambos hermanos, originarios de Otuzco (La Libertad), encabezan una empresa que exporta más oro que el grupo Buenaventura (que en el 2011 reportó exportaciones por US$825 millones). La incursión del ingeniero Zavaleta Vargas en el negocio aurífero empezó en 1998 cuando comenzó a laborar como asesor técnico y representante del Ministerio de Energía y Minas, cargo que desempeñó hasta fines del 2009, al ser contratado por Perú Petro S.A. De esta forma, mientras Universal Metal Trading crecía –empezó en 1999 con un capital de S/.50 mil y llegó hasta los S/.312 mil en el 2008– el ingeniero Zavaleta hacía carrera en el sector público, que durante los últimos años comenzó a combatir a las mafias organizadas y familias que explotan de forma ilegal el codiciado metal, a sus acopiadoras y a las empresas que luego lo compran y lo exportan.

¿ENEMIGO EN CASA?

El punto cumbre de Zavaleta llegó en febrero pasado cuando el ministro de Energía y Minas, Jorge Merino Tafur, lo nombró director general de Hidrocarburos. Cabe indicar que Zavaleta Vargas nunca informó a sus superiores de sus vínculos con la empresa, ni siquiera cuando era asesor técnico durante la década pasada.

Fuentes en las oficinas del Estado que combaten el lavado de dinero –y que han iniciado las pesquisas contra las mafias del oro en Madre de Dios– se mostraron sorprendidas por este hecho, ya que durante las últimas semanas habían contactado con el Minem para que esta entidad les brinde información sobre los dueños de las extensas concesiones en Madre de Dios y la producción de oro de los mineros en la zona. Pero no solo eso, también buscaban la identidad de las personas que se escondían detrás de las empresas que, con sede en Puerto Maldonado o Huepetuhe, reciben el preciado material aurífero.

Ahora ya están informados que el mayor exportador de oro del 2011 trabaja en el Minem y en la oficina que tiene la Universal Metal Trading en la avenida Aviación 2480, San Borja. El Comercio se comunicó telefónicamente con esta última sede y nos informaron que los hermanos Zavaleta asisten regularmente, pero que ayer no acudieron a la oficina. “Llame mañana”, dijeron.

Sin embargo, este Diario se contactó con el alto funcionario del Minem. Luis Zavaleta reconoció ser dueño de la empresa, aceptó que nunca informó al Minem de sus negocios y dijo que no ve incompatibilidad. También reveló que compran oro en Lima y que tienen una sede en Huepetuhe, pero “ya le dije a mi hermano que cierre esa oficina”.

Al cierre de edición se supo que el ministro de Energía y Minas le pedirá su renuncia.

http://elcomercio.pe/politica/1394710/noticia-director-energia-minas-mayor-exportador-oro_1


Peru’s President Ollanta Humala called off the state of emergency in four provinces of Cajamarca region Dec. 16 after local leaders agreed to suspend their civil strike against Newmont Mining Corp.’s $4.8 billion Conga gold project. Prime Minister Oscar Valdés will lead a “high-level committee” to Cajamarca Dec. 19 to meet with regional officials and community leaders. Cajamarca’s regional president Gregorio Santos announced suspension of the paro in the face of growing pressure; the state of emergency had blocked bank accounts and other financial services in the region. Village mayors and community leaders have agreed to comply with the suspension pending the outcome of talks.

Colorado-based Newmont suspended work at its Minas Conga mine, Peru’s biggest investment project, on Nov. 30 after villagers launched protests over impacts on local water sources. The Lima government said Dec. 11 it will conduct a further review of the project’s environmental impact. “This marks a new phase in the debate,” Santos told Lima’s Canal N. “It’s important they admitted the mining company’s environmental study has major limitations.”

A Newmont spokesman said the company is “willing to play a constructive role in the dialogue sponsored by the government, and we will participate as directed by them. The company pointed out that its 13-year environmental study was approved by the Energy & Mines Ministry last year.

Peru’s government is looking to Newmont to stop a decline in mineral output from aging and depleted mines. Anglo American, Rio Tinto, Gold Fields and China Minmetals Corp. have cut back investment in copper and gold mining projects in Cajamarca because of the protests, central bank president Julio Velarde warned. “There’s a slowdown in the projects located in Cajamarca,” Velarde told reporters in Lima. “What could be the most exceptional decade in terms of mining investment, might not be so because of the fears of some investors.”

Newmont stock, which had fallen by 9.5% since the protests began, gained 1.2% to $62.47 on news of the strike suspension in Cajamarca. (La Republica, Los Andes, Bloomberg, Dec. 16)

See our last posts on Peru and the mineral cartel.


 

El oro de su anillo y la salud pública

Dr.Huerta.jpg

Viendo y escuchando a la distancia el levantamiento comunitario en Cajamarca, me nació la curiosidad de leer acerca del modo en que funcionan las minas de oro y su impacto sobre la salud pública en el área geográfica en que operan. La verdad es que he aprendido muchas cosas, y este post tiene como objetivo compartir algunos de esos conceptos con ustedes.

Quiero aclarar que cuando digo que “veo y escucho a la distancia” es porque yo vivo en Washington DC, y para fines prácticos, estoy convencido de que aquellos que viven en Lima o en cualquier otro lugar del Perú que no sea cercano a las minas de Yanacocha, también están “viendo y escuchando” de esas manifestaciones a la distancia.

En la época de los Incas, el oro se encontraba en lugares en que los que el preciado mineral estaba en enormes filones superficiales, prácticamente a la vista de los que lo buscaban, o se encontraba en forma de enormes pepitas a orillas de los ríos.

Don Raúl Porras Barrenechea escribe en su ensayo “Oro y Leyenda del Perú”: “el cronista oficial Pedro Sancho habla, en 1534, de las minas de Huayna Cápac en el Collao, que entran cuarenta brazas en la tierra, las que estaban custodiadas por guardas del Inca”.

En otro pasaje relata que “América precolombina desconoció el hierro, pero tuvo el oro… En toda América hubo, en la época lítica y premetalúrgica, oro nativo o puro que no necesitaba fundirse ni beneficiarse con azogue, en polvo o en pepitas o granos que se recogían en los lavaderos de los ríos o en las acequias; pero se desconoció, por lo general, el arte de beneficiar las minas. “La mayor cantidad que se saca de oro en toda la América –dice el Padre Cobo– es de lavaderos“.

Pero esa maravilla natural se acabó hace mucho tiempo, los colonizadores españoles arrasaron con todas esas minas “a flor de piel” y explotaron además decenas de minas de oro, contaminando comunidades enteras con el mercurio (azogue) que se usaba sin ningún control.

En la actualidad, el oro se encuentra como un polvillo invisible, escondido y mezclado con muchos otros minerales en la tierra.

Para extraer ese polvillo invisible de oro en cantidades suficientes para que usted se pueda comprar un anillo o una cadenita de oro, se necesita excavar, remover y procesar toneladas y toneladas de tierra y minerales y usar miles y miles de galones de agua del subsuelo.

Se calcula que para obtener el oro necesario para hacer un aro de matrimonio, se tienen que procesar 2,8 toneladas (2.800 kilos) de tierra y minerales…

El problema que tienen los mineros es entonces cómo hacer para obtener y procesar toda esa tierra y minerales en la que se encuentra el oro.

Existen dos métodos:

1. Hacer enormes y profundos túneles debajo de la tierra (socavones) y sacar la tierra en trencitos (o como se hacía antes, a lomo humano con esclavos o indígenas)

2. Colocar poderosos explosivos en la profundidad y provocar gigantescas explosiones para ablandar y exponer la tierra y los minerales y luego fabricar un sistema de carreteras que lleve esa tierra desde el fondo de esos enormes huecos a la superficie, a las plantas procesadoras.

El primer método es muy caro, peligroso y casi no se usa. El segundo es el preferido en la minería moderna.

Una vez extraída de la profundidad, esa tierra es químicamente procesada para extraer el oro que contiene, y es aquí en donde empieza el problema con la salud pública… no hay mejor sustancia química para extraer el oro de esa tierra que el cianuro, uno de los venenos más potentes que existen en la naturaleza.

Sin llegar a los detalles técnicos, el proceso de obtención del oro implica mezclar esas toneladas de tierra que se obtuvieron de las explosiones con agua y cianuro (¿se imaginan las enormes cantidades de barro venenoso que se producen?). En este proceso, el cianuro se pega al polvillo de oro, por lo que luego hay que separarlos usando otros materiales químicos.

Gracias a esos otros químicos, el oro puro es separado del cianuro y es luego purificado en otros pasos. El producto final son esos famosos lingotes de oro puro que a veces vemos en la televisión.

El problema es que este tipo de procedimiento de extracción del oro es muy pero muy poco eficiente. Hay necesidad de procesar toneladas y toneladas de tierra para poder sacar un poco de oro.

Dependiendo de la fuente, y me he dado cuenta que en este asunto de la minería del oro las opiniones son muy encontradas y las pasiones muy fuertes, no se a quién creerle en el cálculo de cuánta tierra hay que procesar para obtener un gramo de oro.

Este sitio (de la industria química del cianuro) dice que hay que procesar una tonelada de tierra para obtener 10 gramos de oro.

Este otro sitio nos dice que para hacer un anillo de matrimonio se necesita procesar 2,8 toneladas, mientras que este otro sitio (auspiciado por un grupo que dice que el oro es “suciamente obtenido”) dice que en la obtención del oro que se necesita para fabricar un anillo, se generan 20 toneladas de materiales de desperdicio.

Creo que los números van por ahí porque todos hablan de toneladas, tanto de tierra por procesar como de desperdicios contaminados, y esto nos lleva nuevamente al asunto de la salud pública.

¿Qué hacen las minas con todas esas toneladas de barro mezclado con cianuro y otros químicos? ¿Cómo la procesan? ¿Cuánto tiempo duran en el medio ambiente esos residuos? ¿Hay peligro de que esos químicos almacenados en grandes lagunas se filtren al subsuelo y contaminen las fuentes de agua? ¿Pueden producirse evaporaciones de materiales tóxicos al aire cercano?, ¿Pueden esos vapores tóxicos viajar a lugares más lejanos? ¿Qué cambios ambientales se producen al hacer esas enormes excavaciones y cómo se afecta la salud de humanos, plantas y animales?

Obviamente los Estudios de Impacto Ambiental hechos por la industria de la minería ponen siempre las cosas de color de rosa, pero la experiencia indica que en cada mina se han producido siempre accidentes que han ocasionado severos daños al medio ambiente y que han amenazado la salud de los pobladores de lugares aledaños. En 1998 se produjo un derrame de aguas con cianuro en una mina de propiedad canadiense en Kirguistán y miles de personas río abajo tuvieron que ser evacuadas. Para una lista más amplia de accidentes por contaminación visite este sitio.

Se sabe por ejemplo que la industria minera canadiense genera un millón de toneladas de rocas de desperdicio y 950.000 toneladas de barro por día, lo cual produce 650 millones de toneladas de residuos por año, calculándose que esa es la principal causa de polución del medio ambiente por metales en la Columbia Británica.

Al respecto, se han documentado cuatro tipos de problemas en el agua por la minería: drenaje de ácidos, contaminación por metales pesados (plomo, cadmio, arsénico, cobalto, cobre y zinc entre otros), polución por los químicos agregados para separar el oro y erosión y sedimentación de partículas.

Lamentablemente no hemos encontrado documentación específica sobre enfermedades causadas por la contaminación del medio ambiente en los pobladores cercanos a las minas. Quizás esto sea porque casi no existen poblados cercanos a las minas. Las minas están ubicadas en lugares inhóspitos, muy poco poblados. Obviamente, las comunidades tienen muchos casos anecdóticos de enfermedades entre sus pobladores, casos que lamentablemente no han sido sistemáticamente estudiados. Interesantemente, los principales problemas de salud se presentan entre los trabajadores de las minas, que tienen menor expectativa de vida y altos índices de infección por el virus VIH.

El segundo gran problema con la minería del oro: el consumo de agua

Y así como dijimos que la extracción del oro es muy ineficiente y que se necesitan procesar toneladas y toneladas de tierra para obtener un poco de oro, hay otro enorme problema de salud pública con este método de minería: la gigantesca cantidad de agua que se necesita para mezclar las toneladas de tierra con el cianuro. Al respecto, se ha dicho que el agua es la principal víctima de la minería, y eso porque el agua de la mina debe obtenerse del subsuelo, y se ha documentado que esa enorme extracción de agua puede mermar la disponibilidad del líquido elemento en zonas aledañas.

Ciertas minas en el noreste del estado de Nevada, por ejemplo, bombearon 580 mil millones de galones de agua del subsuelo entre 1986 y el 2001. Esa cantidad de agua es suficiente para alimentar a toda la ciudad de Nueva York durante un año.

Se calcula que la minería del oro en el estado de Nevada usa más agua que toda la gente del estado y que el agua del subsuelo ha disminuido en más de 300 metros. Una de esas minas consume 100 millones de galones de agua por día, lo cual es más agua de la que consume diariamente la ciudad de Austin en el estado de Texas.

Este problema con el agua origina entonces preguntas con respecto al agua de las zonas aledañas a las minas de Yanacocha en Cajamarca. ¿Se afectarán las cabeceras de agua? ¿Se podrá contaminar el agua de los pueblos río abajo? ¿Disminuirá el agua en los pueblos río abajo?

En resumen, la minería del oro es una de las actividades humanas más destructoras del medio ambiente, especialmente sobre las fuentes de agua, pero se sigue haciendo porque genera una enorme cantidad de riqueza, tanto para los dueños de las minas como para las regiones geográficas que lo permiten.

La extracción del oro permite además que los seres humanos luzcan orgullosamente sus joyas de oro (80% del oro del mundo se usa en joyería) y que los gobiernos mantengan el valor de sus reservas económicas (Hugo Chávez acaba de movilizar sus reservas de oro…).

Así es que la próxima vez que mire su anillo de oro, piense que se necesitaron procesar casi 3 toneladas de tierra y miles de galones de agua para satisfacer su vanidad.

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Y si usted tiene la curiosidad de explorar un ejemplo de la relación entre política y minería en el Perú, le recomiendo estos videos. Son del programa Frontline, uno de los programas mas serios de la Televisión Pública de Estados Unidos (PBS). Fueron emitidos en octubre del año 2005.

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