Desenmascarando a Rafael Correa

Publicado: 26 febrero, 2013 en NOTICIAS
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Rafael Correa, presidente de Ecuador, se ha convertido en uno de los promotores del extractivismo en su país, además de alentarlo en la región. Correa hizo un llamado a los presidentes de Perú y Colombia, para terminar con los extremistas que se oponen a la minería, además planteó algunas interrogantes a los “izquierdistas extremistas” sobre si Marx fue antiminero. A Correa le han llovido las respuestas, vamos a presentar las respuesta de dos reconocidos intelectuales: Eduardo Gudynas y Joan Martinez Alier, quienes a mi parecer, casi sin quererlo, llegan a ridiculizarlo y desenmascararlo. Presentamos también un artículo de una activista ecuatoriana, Karla Calapaqui de cómo ven a correa desde adentro.

CORREA, MINERÍA Y MARX: HOY, EN AMERICA LATINA, MARX ¿SERIA EXTRACTIVISTA?

* por Eduardo Gudynas (08.02.13)

En América Latina siguen avanzando las estrategias enfocadas en minería, hidrocarburos y monocultivos, a pesar que esto significa repetir el papel de proveedores de materias primas y de las resistencias ciudadanas. Este modo de ser extractivista se expresa tanto en gobiernos conservadores como progresistas. Pero como entre estos últimos se esperaba otro tipo de desarrollo, esa insistencia se ha convertido en un nudo político de enorme complejidad.

 Para sostener el empuje extractivista se está apelando a nuevas justificaciones políticas. Una de las más llamativas es invocar a los viejos pensadores del socialismo, afirmando que no sólo no se opondrían al extractivismo del siglo XXI, sino que, además, lo promoverían.

 Seguramente el ejemplo más destacado ha sido el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien para defender al extractivismo lanzó dos preguntas desafiantes: “¿Dónde está en el Manifiesto Comunista el no a la minería? ¿Qué teoría socialista dijo no a la minería?” (entrevista de mayo de 2012).

 Correa redobla su apuesta, ya que además de citar a Marx y Engels, le suma un agregado propio que no puede pasar desapercibido: “tradicionalmente los países socialistas fueron mineros”. El mensaje que se despliega es que la base teórica del socialismo es funcional al extractivismo, y que en la práctica, los países del socialismo real lo aplicaron con éxito. Si su postura fuese correcta, hoy en día, y en América Latina, Marx y Engels deberían estar alentando las explotaciones mineras, petroleras o los monocultivos de exportación. Adicionalmente, se siembra la idea que cualquier crítica al extractivismo sería un rechazo al socialismo o provendría de voces conservadoras.

 

Soñando con un Marx extractivista

 Comencemos por sopesar hasta dónde puede llegar la validez de la pregunta de Correa. Es que no puede esperarse que el Manifiesto Comunista, escrito a mediados del siglo XIX, contenga todas las respuestas para todos los problemas del siglo XXI.

 Como señalan dos de los más reconocidos marxistas del siglo XX, Leo Huberman y Paul Sweezy, tanto Marx como Engels, aún en vida, consideraban que los principios del Manifiesto seguían siendo correctos, pero que el texto había envejecido. “En particular, reconocieron implícitamente que a medida que el capitalismo se extendiera e introdujera nuevos países y regiones en la corriente de la historia moderna, surgirían necesariamente problemas y formas de desarrollo no consideradas por el Manifiesto”, agregan Hunerman y Sweezy. Sin duda esa es la situación de las naciones latinoamericanas, de donde sería indispensable contextualizar tanto las preguntas como las respuestas.

 Seguidamente es necesario verificar si realmente todos los países socialistas fueron mineros. Eso no es del todo cierto, y en aquellos sitios donde la minería escaló en importancia, ahora sabemos que el balance ambiental, social y económico, fue muy negativo. Uno de los ejemplos más impactante ocurrió en zonas mineras y siderúrgicas de la Polonia bajo la sombra soviética. Hoy se viven situaciones igualmente terribles con la minería en China.

 No puede olvidarse que muchos de esos emprendimientos, dado su altísimo costo social y ambiental, se concretan solamente si no existen controles ambientales adecuados o se silencian autoritariamente las demandas ciudadanas. Tampoco puede pasar desapercibido que aquel extractivismo, al estilo soviético, fue incapaz de generar el salto económico y productivo que esos mismos planes predecían.

 Actualmente, desde el progresismo se defiende el extractivismo aspirando aprovechar al máximo sus réditos económicos para así financiar, por un lado distintos planes sociales, y por el otro, cambios en la base productiva para crear otra economía. De manera muy resumida la idea es aprovechar la riqueza de los recursos naturales para seguir financiando planeas como los bonos mensuales a los sectores más pobres o la construcción de infraestructura, y en paralelo, promover la diversificación económica (en unos países esa promesa tiene un enfoque más industrialista, como hace el gobierno brasileño, y en otros se vuelca servicios y conocimiento, como en Ecuador).

 Pero esa marcha extractivista padece de varios problemas. Uno de ellos es que se genera una dependencia entre el extractivismo y los planes sociales. Sin los impuestos y regalías a las exportaciones de materias primas se reducirían las posibilidades para financiar, por ejemplo, los programas de asistencia social. Claro, también se reduce el financiamiento del propio aparato del Estado. Esto hace que los propios gobiernos se vuelvan extractivistas, convirtiéndose en socios de los más variados proyectos, cortejando inversores de todo tipo, y brindando diversas facilidades. Sin dudas que existen cambios bajo el progresismo, y muchos de ellos muy importantes, pero el problema es que se repiten los impactos sociales y ambientales y se refuerza el papel de las economías nacionales como proveedores subordinados de materias primas.

 La pretensión de salir de esa dependencia por medio de más extractivismo no tiene posibilidades de concretarse. Se genera una situación donde la transición prometida se vuelve imposible, por las consecuencias  del extractivismo en varios planos, desde las económicas a las políticas (como el desplazamiento de la industria local o la sobrevaloración de las monedas nacionales, a combatir la resistencia ciudadana). El uso de instrumentos de redistribuciones económicas esperando lograr adhesión y apaciguamiento tiene alcances limitados, ya que a pesar de esos pagos de todos modos persisten las movilizaciones ciudadanas. Pero además es financieramente muy costoso, y vuelve a los gobiernos todavía más necesitados de nuevos proyectos extractivistas.

 Es justamente todas esas relaciones perversas la que deberían ser analizadas mirando a Marx. El mensaje de Correa, si bien es desafiante, muestra que más allá de las citas, en realidad, no toma aquellos principios de Marx que todavía siguen vigentes para el siglo XXI.

 

Escuchando la advertencia de Marx

 Marx no rechazó la minería. La mayor parte de los movimientos sociales tampoco la rechazan, y si se escuchara con atención sus reclamos se encontrará que están enfocados en un tipo particular de emprendimientos: a gran escala, con remoción de enormes volúmenes, a cielo abierto e intensiva. En otras palabras, no debe confundirse minería con extractivismo.

 Marx no rechazó la minería, pero tenía muy claro donde debían operar los cambios. Desde su perspectiva surgen las respuestas para la pregunta de Correa: Marx distinguía al “socialismo vulgar” de un socialismo sustantivo, y esa diferenciación debe ser considerada con toda atención en la actualidad.

 En su “Crítica al programa de Gotha”, Marx recuerda que la distribución de los medios de consumo es, en realidad, una consecuencia de los modos de producción. Intervenir en el consumo no implica transformar los modos de producción, pero es en este último nivel donde deberán ocurrir las verdaderas transformaciones. Agrega Marx: “el socialismo vulgar (…) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución”.

Aquí está la respuesta a la pregunta de Correa: Marx, en la América Latina de hoy, no sería extractivista, porque con ello abandonaría la meta de transformar los modos de producción, volviéndose un economista burgués. Al contrario, estaría promoviendo alternativas a la producción, y eso significa, en nuestro contexto presente, transitar hacia el post-extractivismo.

Saldada la cuestión no está demás agregar que con esta respuesta queda también en evidencia que la búsqueda de esas alternativas no está reñida con la tradición socialista, y que burlarse de quienes lo intenta parecería que sólo sirve para encubrir la ausencia de mejores argumentos.

Volviendo a Marx, no olvidemos que muchos han explorado su faceta “ecológica”, tal como ha hecho con mucha energía John Bellmay Foster. Desde sus posiciones se podría sumar otros argumentos para afirmar que Marx nunca sería extractivista. Pero es también apropiado admitir que la mirada de Marx seguramente no es suficiente para organizar esa salida postextractivista, ya que era un hombre inmerso en las ideas del progreso propio de la modernidad del siglo XIX. Pero sí es muy necesario en identificar el sentido que deberían tener esas alternativas.

En efecto, queda en claro que los ajustes instrumentales o mejoras redistributivas, pueden representar avances, pero sigue siendo imperioso trascender la dependencia del extractivismo como elemento clave de los actuales modos de producción. Esta cuestión es tan clara que el propio Marx concluye “Una vez que está dilucidada, desde ya mucho tiempo, la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás? Entonces, ¿porqué se sigue insistiendo con el extractivismo?


Referencias

 Bellamy Foster, John. 2000. La ecología de Marx. El Viejo Topo, Madrid.

 Huberman, L. y P. Sweezy. 1964. El Manifiesto Comunista: 116 años después. Monthly Review 14 (2): 42-63.

Marx, K. 1977. Crítica del Programa de Gotha. Editorial Progreso, Moscú.

 * una versión reducida de este articulo fue publicado por ALAI <www.alainet.org>

Eduardo Gudynas es investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), su blog www.accionyreaccion.com Una adelanto abreviado del presente artículo fue publicado por ALAI.

 

 Marx y el extractivismo del presidente Correa

24/02/13 Por * Joan Martínez Alier

 Algunos han dicho con mucha razón que en época de Marx no había la brutal minería a cielo abierto que hay hoy en día en Perú, en Colombia, Argentina o Chile y que Correa quiere introducir en Ecuador. Ni tampoco había la brutal extracción de petróleo en la Amazonía que hay ahora. Ecuador no exportaba en vida de Marx 15 millones de toneladas de petróleo al año como hace ahora (¿en qué barcos las hubiera puesto?) ni Colombia podía exportar, como ahora, 90 millones de toneladas de carbón al año. Nunca hubo tanta depredación como ahora, nunca las metrópolis han dependido tanto del comercio de materias primas mal pagadas que vienen del Sur.

El presidente Correa se pregunta dónde y cuándo Marx criticó la megaminería. En varias entrevistas, Correa, portavoz de la megaminería y de la expansión de la explotación petrolera, ha preguntado, “a ver, señores marxistas, dónde Marx se mostró contrario a la explotación de recursos no renovables?” La respuesta es fácil. Marx y Engels criticaron el capitalismo depredador aunque (en mi opinión) no hicieran de esta crítica proto-ecologista un pilar fundamental de su obra que estaba más bien enfocada al análisis de la explotación de los trabajadores asalariados y a sus consecuencias en la dinámica del capitalismo.

¿Pero qué hubiera dicho Marx de la megaminería y de las ideas del presidente Correa? No sé bastante alemán para adivinarlo, me imagino que algo así como Pfui Teufel. Al respecto, los conceptos más pertinentes del marxismo que Correa desconoce o ha olvidado son por lo menos dos: 1) Acumulación Primitiva u Originaria de Capital (un concepto renovado por David Harvey en 2003 con el nombre de Acumulación por Desposesión, tan apropiado para las realidades y los proyectos extractivistas petroleros y mineros del presidente Correa en la Amazonía de Ecuador y otras regiones); 2) La interpretación de la economía como Metabolismo Social (para lo que Marx se inspiró en Moleschott y Liebig). Marx le escribió a Engels en 1866 que la química agraria de Liebig era más importante que todos los escritos de los economistas juntos para entender cómo funcionaba la agricultura. Debía impedirse la “ruptura metabólica” típica del capitalismo depredador. Hay mucha información al respecto en el libro de John Bellamy Foster, La Ecología de Marx: Materialismo y Naturaleza, publicado hace ya diez años.

Engels, en conocidas cartas a Marx de diciembre de 1882, a propósito de la contabilidad energética de la agricultura que había publicado Podolinsky, le decía: “tú sabes mejor que yo como malgastamos reservas de energía, carbón, minerales, bosques, etc”. Desde luego, se puede criticar a Marx y Engels, como yo mismo lo he hecho en La ecología y la economía (1991), por su excesivo entusiasmo por lo que ellos llamaban el desarrollo de las fuerzas productivas. Incluso (economistas al fin) no analizaron el Metabolismo de la sociedad en unidades de energía y de materiales. Estas contabilidades se han hecho mucho después y revelan que América latina se ha convertido como nunca antes en una zona de exportación de materiales y energía. Los presidentes extractivistas latinoamericanos (tanto los neo-libs como los nac-pops) se colocan a la derecha de Raúl Prebisch y la CEPAL que él presidió.

Algunos han dicho con mucha razón que en época de Marx no había la brutal minería a cielo abierto que hay hoy en día en Perú, en Colombia, Argentina o Chile y que Correa quiere introducir en Ecuador. Ni tampoco había la brutal extracción de petróleo en la Amazonía que hay ahora. Ecuador no exportaba en vida de Marx 15 millones de toneladas de petróleo al año como hace ahora (¿en qué barcos las hubiera puesto?) ni Colombia podía exportar, como ahora, 90 millones de toneladas de carbón al año. Nunca hubo tanta depredación como ahora, nunca las metrópolis han dependido tanto del comercio de materias primas mal pagadas que vienen del Sur.
Pero sí hay en Marx conceptos que la arrogancia mezclada con la ignorancia del presidente Correa le han hecho olvidar si los supo alguna vez. Uno es el de Acumulación de Capital Originaria o Primitiva, aplicada por Marx a la megaminería de entonces que se había robado la plata de Potosí, de Zacatecas, con amalgamas con azogue (mercurio) más que tóxicas. El concepto se aplicaba también a las plantaciones con esclavos de caña de azúcar o algodón, y era aplicable también al guano del Perú (de 1840 a 1880), no más de 11 millones de toneladas exportados en 40 años extraídos con trabajadores chinos endeudados. Crecen ahora las ganancias capitalistas por esa Acumulación por Desposesión o por Despojo, como la llama David Harvey. Y también hay Acumulación de ganancias capitalistas mediante Contaminación, no se suele pagar nada por los daños ambientales.

En Argentina, con la expropiación de la Repsol (bien merecida) se ha hablado durante unos meses de sus pasivos ambientales, para ver si se le paga menos, cuando el gobierno argentino se niega a ver los daños de Xstrata en la megaminería de La Alumbrera y tantos otros pasivos ambientales en todo el país.

Se puede criticar a Marx y a los marxistas que no insistieron lo bastante que el capitalismo era un sistema de transformación de energía y materiales en constante crecimiento, no hicieron las cuentas en términos de energía. Pero los cierto es que Marx (estudiando las ideas de Liebig sobre el guano y la necesidad de reponer los nutrientes de la agricultura) introdujo, sin desarrollarlo mucho, el concepto de Metabolismo Social. El capitalismo lleva a una “ruptura metabólica”. El capitalismo no es capaz de renovar sus condiciones de producción, no reemplaza los nutrientes, erosiona los suelos, agota o destruye los recursos renovables (como la pesca y los bosques) y los no renovables (como los combustibles fósiles y otros minerales). Eso es lo que Marx pensaba y escribió. Y además destruye biodiversidad, lo que Marx no mencionó todavía. A ver señores marxistas, ¿qué dijo Marx del cambio climático causado por la excesiva quema de carbón, petróleo y gas? Pues no dijo nada porque murió en 1883, y los primeros artículos científicos definitivos sobre el tema son de Svante Arrhenius en 1896. Pero le hubiera sulfurado.
Correa tampoco reconoce la teoría de la Segunda Contradicción del Capitalismo, presentada por el economista marxista James O’Connor ya en 1988, en el primer número de la revista Capitalism, Nature, Socialism. O el libro de Enrique Leff de 1986, Ecología y Capital. Tanto Leff como O’Connor explicaron que los crecientes costos sociales y ambientales que causa el (mal contado) crecimiento de la economía, son la causa de la explosión de protestas ecologistas. La resistencia contra la expoliación de la naturaleza es lo que ha dado lugar al creciente ecologismo de los pobres e indígenas, a los movimientos de justicia ambiental en todo el mundo, a las protestas contra las injusticias climáticas e injusticias hídricas, a la defensa de los bienes comunes. A Marx le hubieran encantado esos movimientos. El joven Marx se indignaba porque los nuevos propietarios burgueses de los bosques no dejaban a los pobres recoger leña. El parlamento renano defendía esos cercamientos privados, las enclosures que Marx analizaría en El Capital. Actualmente hay un proceso en el mundo, como nunca antes, de desposesión de tierras indígenas y campesinas, de acaparamiento de tierras para plantaciones de árboles o para agro-combustibles, para megaminería y represas, para extracción de gas y petróleo, a cargo de empresas privadas o estatales, procesos neocoloniales de apropiación de recursos naturales y territorios donde aparecen actores nuevos como las empresas chinas.Ecoportal.net
Joan Martínez Alier
ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona
08193 Spain
http://www.ecologiapolitica.info

ECUADOR: 17F, Correa y la Unidad Plurinacional

sábado, 23 de febrero de 2013

Una cosa es el ruido de un gobierno manipulador y
 otra cosa el sonido de un pueblo en resistencia y lucha!*
 
Los resultados electorales reflejan que un importante sector de la población aún se encuentra atrapada en las fauces del correismo.  El efecto mediático que se propuso el gobierno al posicionar el “no regresar al pasado” para en efecto, regresar al pasado, funcionó. Breves reflexiones sobre los  factores que dan cuenta de esta victoria transitoria a favor de Rafael Correa.

La concentración de poderes por el Ejecutivo.  La Asamblea Nacional con mayoría oficialista ha boicoteado procesos de  fiscalización y ha impuesto leyes a través del Ministerio de la Ley y el poder del Veto, un ejemplo de ello, las reformas al código de la Democracia aprobadas al apuro, de forma inconstitucional, que puso en vigencia el método DHondt lo que le ha permitido al correismo duplicar asambleístas en estas elecciones; la Corte Nacional de Justicia con jueces elegidos a dedo que irrespetan el debido proceso, que ágilmente instauran juicios cuando Rafael Correa lo ordena, un Consejo de la Judicatura recién posesionado dirigido por Gustavo Jalk ex Ministro y ex secretario particular del presidente Correa; la Corte Constitucional con todos sus miembros al servicio del régimen, el Consejo de Participación Ciudadana donde no existe participación y el Consejo Nacional Electoral árbitro de la “democracia” pero que en los hechos se dedicó a censurar propaganda política a la Unidad Plurinacional y otros actores, e hizo venía a las violaciones a la Constitución y la ley de parte del candidato presidente.  ¿La independencia y autonomía de funciones que establece la Carta Magna donde quedó?

La maquinaria propagandística estuvo activada 6 años y los últimos 45 días de campaña  derrochó todos los recursos públicos habidos y por haber, ministerios y entidades gubernamentales saturaron con publicidad los medios de comunicación tanto “públicos” (el mayor monopolio de medios de comunicación están bajo la tutela del gobierno y responden a èl) como privados, miles de spots y vallas publicitarias y lo infaltable: insultos, descalificaciones y tal avalancha de información casi imposible de contrarrestar.  Se impuso a las masas a través de los medios, una falsa impresión de unanimidad, “más del 80% de la población está con la revolución ciudadana”, además las “encuestas” jugaron su rol promocional en el imaginario de los ecuatorianos. La imposición ideológica permitió la reelección de un gobierno que reduce libertades y derechos.
El doble discurso de un gobernante que sabe comunicar, que convence a la población y habla con vehemencia, como queriéndose convencer así mismo, de promover el socialismo y ser de izquierda, de estar contra el capitalismo, la partidocracia, los neoliberales, la prensa corrupta, la banca.  Lo que sí es natural en él es su odio y ataque permanente a la “izquierda radical”.
En la mente de un importante sector está posicionado que por fin llegó un mesías, este falso profeta que ofrece el cambio con un discurso de “izquierda” pero que en los hechos se encuentran al fondo a la derecha.
La política asistencialista y populista no se quedó atrás, duplicó el bono de la pobreza (iniciado con el ex presidente democristiano Mahuad) a 50 dólares en enero para beneficiar a cerca de 2 millones de almas, se anunció el incremento en 5% en el salario a los miembros de las Fuerzas Armadas, entregó urea, dádivas, un rampante clientelismo político con recursos gubernamentales inyectados en la campaña. Cerca de 180 municipios, 17 prefecturas de 24 provincias, muchos de ellos ex socialcristianos, roldosistas, feudos de la derecha tradicional que hicieron campaña a favor de Correa.
La amenaza y el chantaje, “si no estás conmigo estas contra mi” fue la consigna, otro factor de presión contra servidores públicos, más de 50 mil maestros contratados con miedo de perder su puesto de trabajo, los mismos beneficiarios del bono con ser eliminados del registro, la obligatoriedad de movilizarse a funcionarios públicos en mítines y marchas de Correa, entre otros hechos marcaron la tónica de estas elecciones.
Divide y vencerás, recurso utilizado desde inicios del gobierno de Rafael Correa, las organizaciones sociales y populares unas han resistido, otras han sufrido la división, el desconocimiento, la anulación, la cooptación y la represión contra quienes no están alineadas. Ágilmente ha creado organizaciones paralelas que defiendan su proyecto político y que enfrenten a las otras organizaciones críticas; además la división en el tejido social de comunidades y pueblos que resisten la extracción minera, petrolera y en proyectos hidroeléctricos. En Ecuador paulatinamente se violenta los derechos humanos, se criminaliza la protesta social, más de 200 dirigentes sociales, 11 presos políticos acusados de sabotaje y terrorismo.
El camuflaje político con partidos satélites como Avanza, inscrito por Ramiro González presidente de Consejo Directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), designado por Rafael Correa a este cargo, significó otra maquinaria que estaría financiada con el dinero de todos los afiliados al seguro social; el partido Socialista con sus directivos ocupando cargos públicos, su principal Rafael Quintero fue ex Viceministro de Relaciones Exteriores antes de candidatizarse y su esposa Ericka Silva Ministra de Cultura.  Estos dos partidos Avanza y el PSE presentaron solo candidaturas a la legislatura apoyando al candidato presidente, para confundir a la población, a la izquierda en un claro afán chimbador.
A nivel internacional, varios sectores políticos de la tendencia se han tragado el cuento que en Ecuador existe un gobierno de “izquierda” con Correa a la cabeza.  El discurso de Rafael Correa con condimento revolucionario ha mareado y confundido a algunos intelectuales y organizaciones políticas de izquierda, democráticas y progresistas. ¿Dónde queda el ir más allá del ruido que nos presentan? La izquierda debe ser confrontativa e incómoda con el poder económico y político; debe ser contestataria, participativa, democrática en el discurso y la práctica.
¿Esto es ser de izquierda? Un poco de ironía: como no  agradecer al gobierno de Rafael Correa por traer a Carabineros de Chile para capacitar a policías ecuatorianos en “prácticas de respeto a los derechos humanos” eso, que ellos saben bastante.  Como no agradecer la presencia de la DEA en Ecuador gracias a los convenios firmados entre nuestro país y los EEUU; y la presencia de la Usaid y otros organismos que siguen haciendo su “trabajo” en nuestro paisito.
La relación con los gringos ha sido de lo mejor, lo saben, aunque aquí y en el exterior Rafael vocifere contra ellos, así es la diplomacia. La lucha de las izquierdas por desenmascarar al gobierno disfrazado de ovejita es interna y externa!
Proyecto capitalista
Evidentemente, la población está viviendo los cambios de la modernización capitalista y eso quizá le ha encandilado: puentes, carreteras, aeropuertos.  “Que robe pero que haga obras” aunque sea a costa de los derechos.
Los cambios producidos en el país se resumen así: “celular viejo con carcasa nueva”, continúan las viejas estructura del estado capitalista obsoleto, inequitativo, corrupto, bien maquilladas.
En Ecuador tenemos un régimen que no respeta la Constitución y violenta permanentemente los derechos humanos, un gobierno que seguirá beneficiando a los más ricos: 62 grupos económicos concentran el 41% del PIB; el sector financiero duplicó sus ganancias gracias a las políticas del régimen, y evidente el candidato de la banca Guillermo Lasso informó que él aportó a la campaña electoral de Correa en 2006. Se ha pagado el favor!  “Considero a Guillermo Lasso un tipo inteligente” manifestó Rafael luego de conocer los resultados el pasado 17F.
El nuevo binomio continuará y profundizará la política extractivista, el despojo de la tierra a comunidades y pueblos indígenas en beneficio de las transnacionales chinas y gringas. Para efectivizar este modelo está su vicepresidente Jorge Glass en reemplazo de Lenin Moreno y su política humanitaria. Se viene la décima primera ronda petrolera, las comunidades indígenas ya han declarado su resistencia, la mega minería en la Cordillera del Cóndor, en el municipio de Cotacachi ahí con mayoría de Alianza País (partido de gobierno) se aprobó el “acto administrativo que autoriza a la Empresa Nacional Minera ENAMI EP a realizar labores de exploración minera avanzada en el territorio de Intag”, zona en permanente lucha contra la minería.
Ya anunció Rafael Correa las reformas a la Constitución “la más avanzada de América Latina, la que iba a durar 300 años”, evidentemente es un texto no perfecto que requiere reformas, pero las que seguramente planteará el régimen significan un paso atrás en derechos: el derecho a la resistencia, a la consulta previa, a la acción de protección, el respeto a los territorios ancestrales, el derecho a la huelga, a la gratuidad de la educación superior, etc.
Con mayoría en la Asamblea se anunció la aprobación de leyes que tuvieron resistencia social y que hoy están en agenda: la ley de comunicación para coartar la libertad de expresión y perseguir a periodistas que denuncian la corrupción; código penal para legalizar la criminalización de la protesta social; se viene la ley de aguas en vías de la privatización de este recurso, etc.
Con Rafael Correa continuarán los despidos de trabajadores,  la persecución a organizaciones sociales CONAIE, UNE; con Rafael Correa continúa la elitización de la educación, miles de jóvenes más se quedarán sin libre ingreso a la Universidad. Correa seguirá cantando al Che e instaurando juicios por sabotaje y terrorismo a luchadores sociales, ya manifestó su posición contra los 10 jóvenes de Luluncoto y será orden para la justicia; con Rafael Correa no habrá transformación estructural del país.
Se creen aplanadora, pero encontrarán la resistencia de las organizaciones sociales y populares de los trabajadores y pueblos del Ecuador, que en estos años de gobierno han frenado los apetitos de las transnacionales y han resistido la ofensiva del régimen para acallar las voces disidentes. Correa no es invencible, no puede seguir engañando a la población todo el tiempo, asumir que los resultados se traducen en apoyo irrestricto, es el límite de la arrogancia y prepotencia.
Que pasó con la Unidad de las Izquierdas
Lo expuesto no exime de responsabilidad a las izquierdas, cometimos errores, perdimos en campaña, no supimos sintonizarnos con las masas y transmitir el mensaje.  Realizamos una campaña dispersa, adolecemos todavía esquemas en nuestra forma de enfrentar una campaña electoral.  La derecha hábilmente se apropió de nuestros mensajes, se posicionó como principal contradictor y pudo captar el voto “útil”, Correa en cambio supo barnizarse de izquierda.
Enfrentamos las chequeras millonarias del candidato presidente, del candidato banquero, del empresario, de los ñaños Gutiérrez. Recorrimos el país con el respaldo de organizaciones sociales y populares, intentamos otra forma de hacer política, fuimos a escuchar a la gente porque creemos que la gente sabe de los problemas y de las soluciones, porque creemos que la gente debe ser protagonista en la toma de decisiones y opinar ante lo que pasa en el país.
Construimos un programa de gobierno alternativo en el curso de nuestros recorridos, recogimos las propuestas de campesinos olvidados en 6 años de gobierno, de maestros que piden el retorno a la jornada pedagógica y que son explotados laboralmente con la imposición de 8 horas reloj, de los maestros jubilados que reclaman por jubilarse; de estudiantes sin educación y otros sometidos a un tecnócrata que le asigna la carrera le guste o no; de comerciantes que gracias al veto Ejecutivo de la ley de defensa del comerciante minorista no tienen seguridad social y son perseguidos e incautados sus mercaderías por los policías municipales; de pescadores artesanales que pretenden ser desaparecidos para beneficiar a los grandes barcos pesqueros; acogimos las propuestas de trabajadores, choferes, amas de casa, mineros artesanales, artesanos, etc.,  profundizamos la realidad que nuestra gente vive, de la mano la crítica y la propuesta, pero no fue suficiente.
La Unidad Plurinacional es fruto de un proceso que debe consolidarse, que aún requiere ajustes, alineamiento de nuestro engranaje para superar dificultades en el camino.
Se requiere un balance profundo y autocritico, inclusive con números, hacer una geografía electoral, brevemente, crecimos en varios territorios pero no nos alcanzó. Hay que indagar sobre el proceso político-electoral que hemos vivido. ¿Cómo estamos en lo urbano y rural?, determinar hasta qué punto la votación fue resultado de la acción populista y demagógica de la derecha del gobierno y la tradicional. Cuáles son las dificultades que las izquierdas tenemos para penetrar en zonas que han sido históricamente bastiones del populismo. En fin son preguntas que colectivamente las vamos a ir resolviendo.
La UNIDAD PLURINACIONAL DE LAS IZQUIERDAS, perdió esta batalla en la lucha por la victoria, pero continúa.  La oposición popular se afirma porque nuestra presencia no es meramente electoral, hemos estado a la cabeza de la lucha social en el Ecuador.  Esta unidad logró 6 representantes que lucharan en el legislativo y afuera el pueblo organizado seguirá dando batalla!
Tenemos la ligazón con nuestro pueblo, seguiremos luchando por la vigencia de la Constitución, por los derechos a la libertad de expresión, de pensamiento, por la educación y salud, por el derecho al trabajo, en defensa del agua, contra la megamineria, por el derecho a la resistencia, en defensa de los trabajadores y pueblos del Ecuador, los jamás escuchados seguimos en RESISTENCIA **la unidad y lucha CONTINÚAN!
PD.
Al elegido: “si está entregando el país y habla de soberanía quien va a dudar que usted es soberana porquería” Mario Benedetti
*Karla Calapaqui Tapia
@karlacrisc
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