Archivos para 12 agosto, 2012


Mirtha Vásquez, abogada del sacerdote y ambientalista Marco Arana, consideró valioso el aporte de los facilitadores del diálogo, monseñor Miguel Cabrejos y el padre Gastón Garatea, pues en su opinión Cajamarca requiere de manera casi urgente tender los puentes del diálogo para encontrar la solución al conflicto social en torno al proyecto Conga, pero no escatimó esfuerzos para cuestionar la prórroga del estado de emergencia al que consideró como un instrumento de retroceso a los procesos de escucha.

“Tanto el gobierno como la sociedad civil tienen que mostrar su disposición para poder tener un clima adecuado sobre estos asuntos, las señales deben ser de buena voluntad y evitar los actos de represión”, aseveró Vásquez, quien además criticó a las fuerzas del orden por su actuación en el marco del estado de emergencia.

La abogada resaltó la importancia de aperturar espacios de diálogo entre las partes, bajo la atingencia que si lo que se quiere buscar es un debate técnico, este debe hacerse pero siguiendo lineamientos exactos y concretos bajo muestras de sinceridad y lealtad, “no podemos iniciar espacios de reunión cuando se siguen haciendo trabajos en la zona de influencia del proyecto Conga, cuando Cajamarca está sitiada por policías y miembros de las fuerzas armadas pues en esos casos el dialogo no tendría ninguna razón de ser”, puntualizó.

Sobre los procesos que han iniciado en contra de la Policía Nacional por delitos como tortura y abuso de autoridad en agravio del padre Marco Arana, la letrada informó que vienen dando ardua lucha legal en pro del respeto a los derechos fundamentales de las personas, además dijo que esperan sanciones de tipo administrativo tales como la destitución de los policías que incurrieron en excesos, los que fueron identificados gracias al apoyo de ciudadanos y medios de comunicación a través de sus registros fílmicos y fotográficos.

Fuente: Panorama Cajamarquino

El agua o el oro o cómo una mina divide al Perú

Conga es el proyecto minero más importante para el desarrollo del Perú. El más resistido también por los habitantes de Cajamarca, la región donde se tendrían que secar cuatro lagunas para extraer el oro. Por las protestas, el lugar está bajo estado de emergencia y el Presidente Ollanta Humala ha debido cambiar dos veces el gabinete. Esta es la historia que se vive en la sierra peruana y en Lima.

por Marco Avilés

Fuente: diario.latercera.com (Chile)

Laguna Cortada

La mañana del 28 de julio, mientras el presidente del Perú caminaba hacia el Congreso para dar su discurso anual de Fiestas Patrias, el estudiante de ingeniería ambiental Jorge Chávez, de 22 años, cara de ratón de biblioteca y de 60 kilos de peso, sintió una mezcla de miedo y dolor cuando un policía le estrujó los testículos en plena calle, al tiempo que le gritaba:

-Entra al carro, conchetumadre.

Entre el presidente que saludaba con la mano a los vecinos del centro de Lima y el estudiante que era arrastrado de los genitales, mediaban 968 kilómetros. Chávez vive en Celendín, una provincia de la sierra norte del Perú que esa mañana cumplía 25 días en estado de emergencia. Muchos de sus vecinos se oponen al gigantesco proyecto minero Conga, pues temen que el agua se contamine o falte una vez que comience la explotación de oro y cobre. Por eso han realizado paros, marchas y vigilias durante casi un año. El 3 de julio murieron cuatro personas, durante una protesta en la plaza que terminó en una balacera. Una de las víctimas fue un estudiante de 16 años que, según su madre, quería ser predicador religioso. Ahora, a causa del estado de emergencia, las personas no se pueden reunir libremente y los policías pueden ingresar a las casas sin permiso de un juez o, ya en la libre interpretación de la ley, pueden cogerte de la bragueta cuando lo crean conveniente. Esa mañana, el estudiante Jorge Chávez entró al patrullero gritando de dolor, pero antes arrojó su pequeña cámara Lumix, regalo de su padre. Siete fotos y un video describen la escena que antecede al apretón policial.

Era un sábado apacible y el sol invitaba a tomar fotografías. Tres soldados del Ejército posaban abrazados frente a la pileta de la plaza, como amigos en un viaje de turismo. Al fondo estaban esas montañas donde la naturaleza ha juntado dos tesoros valiosos, pero -en esta historia- irreconciliables: el oro y el agua. Debajo de las lagunas de Celendín hay mucho oro. Para extraerlo, el consorcio minero Conga necesita al menos 17 años de explotación continua. En ese período, la compañía invertirá casi US$ 5 mil millones, empleará a 10 mil personas y, además, asegura que mejorará el abastecimiento de agua de la región. Esa es su oferta. Los economistas dicen que de Conga dependerá que el Perú mantenga su ritmo de crecimiento, esa bonanza que en las ciudades más grandes crea la sensación de que el país se desarrolla mientras parte del mundo se descalabra. Y si Conga no va, por el contrario, el progreso podría interrumpirse. El pánico que esa posibilidad genera en las ciudades se enfrenta a otro miedo, más local, más rural. En Celendín y otras dos provincias implicadas en el proyecto, la mayor parte de los ciudadanos son agricultores y crían ganado. Ellos temen que la explotación contamine las fuentes de agua que utilizan. Para explicar que su miedo no es irracional citan la historia de Hualgayoc, una provincia minera donde las aguas de dos de sus ríos son de color rojo.

Una noche, a comienzos de 2011, el candidato a Presidente Ollanta Humala visitó aquella localidad y pronunció un discurso en la plaza de armas ante una multitud.

-He visto un conjunto de lagunas y me dicen que las quieren vender. ¿Ustedes quieren vender su agua?

-Noooooo.

-¿Qué es más importante? ¿El agua o el oro?

-El aguaaaaaaaaa.

-Porque ustedes no toman oro. No comen oro. Nuestras criaturas toman agua. El ganado toma agua. Y de ahí sale la leche. Salen los quesos. Sale la riqueza. La agricultura necesita el agua. El agua para los peruanos. ¿Y cómo la vamos a defender?

La respuesta de la multitud es difícil de entender, pero se oyen gritos de apoyo.

Un año después, el Presidente Ollanta Humala respalda el proyecto minero. En Celendín, sus antiguos seguidores dicen de él: nos traicionó, nos estafó, nos mintió. Las paredes de algunas calles están pintadas con grandes mensajes, “Conga no va”, “Agua sí, oro no”. Esa mañana de fines de julio, el estudiante Jorge Chávez y cuatro amigos iban a ver por la televisión el discurso del presidente. Esperaban que anunciara el fin del estado de emergencia.

Habían sacado un televisor viejo a la vereda. La calle estaba vacía, pero pronto asomaron por allí cinco policías. Debían apagar el televisor, les dijeron. Estaba prohibido reunirse. Nadie se movió. Un agente tomó la iniciativa y tiró del cable de corriente. Los vecinos de los negocios contiguos se acercaron a ver qué ocurría. Chávez encendió su cámara y comenzó a fotografiar la discusión. ¿Acaso estaba prohibido ver el mensaje? Un agente sacó su celular y grabó a Chávez grabando la trifulca.

-¿Por qué me filmas? -le preguntó.

-¿Por qué me filmas tú? -replicó Chávez.

El video termina allí. El policía arrastró de los testículos al estudiante al interior del patrullero y le golpeó la espalda con la palma abierta durante el trayecto hacia la comisaría del lugar. Allí, junto a un colega, condujo al muchacho a una habitación donde había unos colchones sucios sobre el suelo. Chávez recuerda que el hombre estaba tan furioso que le lanzó un puñete a la boca. La sangre que brotó asustó a los policías. Lo llevaron al baño para que se lavara. Alguien abrió el grifo. No había agua.

Afuera de la comisaría habían llegado la madre del estudiante y su hermana, de 17 años, junto a algunos amigos que hacían llamadas telefónicas. Intentaban comunicarse con organizaciones de derechos humanos y con un congresista de la región. Temían que los policías trasladaran al muchacho al coliseo deportivo del pueblo, donde los soldados del ejército han establecido su cuartel y donde, según ellos, le sacarían “la mugre”.

-Somos gente de bien -repetía la madre, Lucila Ortiz.

Es una mujer menuda, de cabello entrecano, y esa mañana vestía una camiseta blanca en cuya espalda se leía el lema: “Conga no va”. Me contó que su hijo era muy aficionado a la fotografía desde sus años de colegio y ahora alimenta un blog con noticias sobre los proyectos mineros de la región. La noche anterior, Chávez se había acercado al fotógrafo de esta historia para conversar sobre cámaras. Tenía una teoría. “Los policías te respetan según el tamaño de tu cámara”, le dijo mostrándole su modesta Lumix. Le ilusionaba tener algún día un equipo profesional.

Al día siguiente, el rumor del mensaje a la nación llegaba hasta las puertas de la comisaría desde las casas cercanas.

-A mayo del presente año -leyó el presidente en un pasaje-, el 74% de los conflictos activos en el país corresponden al tipo socio ambiental.

Comunidades de Huasmín

Se refería a los 127 casos donde los ciudadanos de una localidad se oponen a proyectos u obras que podrían dañar el lugar donde viven. En la región Cajamarca, adonde pertenece Celendín, hay nueve. En la ciudad de Lima, ninguno. Los conflictos irresueltos originan paros, huelgas y marchas. Conga sólo es una de aquellas historias. La que más inestabilidad ha creado al actual gobierno. Esa mañana, en el Congreso, los ministros del tercer gabinete que el presidente ha formado en menos de un año, escuchaban el mensaje en primera fila. Entre ellos estaba el abogado Juan Jiménez Mayor, el nuevo Primer Ministro, quien había intentado distanciarse de su predecesor, un ex militar que solía expresar sus rabietas por Twitter. “¡Este es el gabinete del diálogo!”, les dijo Jiménez a los periodistas el primer día en el cargo.

A casi mil kilómetros, un policía salió de la comisaría de Celendín y fotografió a los familiares y a los amigos del estudiante arrestado por fotografiar a los policías.

-¿Por qué me tomas fotos? -le preguntó la madre del muchacho- ¿Acaso no han detenido a mi hijo por eso? Déjenme verlo.

El policía guardó la cámara en un bolsillo y, antes de marcharse, susurró algo al oído de un colega. Este se acomodó el fusil sobre el pecho con un gesto rápido y acaso inconsciente que, a fin de cuentas, expresaba toda su autoridad. Entonces, con lacónico enfado, respondió:

-Señora, cálmese, el chico ya no está aquí.

***

La distancia entre Lima y el resto del Perú no sólo es geográfica, sino afectiva. El 19 de junio, dos lectores del diario El Comercio discutían en un foro sobre el proyecto Conga. “Lo más razonable sería someter a un referéndum nacional esta propuesta injusta para arrasar con el ecosistema de Cajamarca”, escribió uno de ellos. Se llamaba Fernando Obando. Treinta y dos minutos después, Jorge Reyes le respondió: “Nada de referéndum. La chusma no puede imponerse”.

Unos temen la contaminación. Otros, el fin del crecimiento económico. En Lima, donde se ejerce la alta política peruana, la bonanza mantiene la ilusión de que el futuro de la capital será el de las grandes ciudades del mundo: vendrán los rascacielos, grandes restaurantes al filo del mar, nuevas cadenas de hoteles y -como ha advertido el Presidente Humala- quizá un tren subterráneo. Lima está enamorada de lo que será.

Ese futuro, sin embargo, debe conjugarse en condicional. Sólo será posible si Conga va. De lo contrario, ocurrirá el desastre, como profetizan algunos líderes de opinión. “Si Conga no va, sería como dispararnos a los pies”, escribió en una columna el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski, quien compitió con Humala por la presidencia del país.

Las metáforas viajan, evolucionan, mutan en manos del pueblo. Unos temen a la contaminación. Otros, a que termine la bonanza. La política moderna, sostiene el ensayista francés Paul Virilio, no es otra cosa que la administración del miedo público. Y en el caso peruano, de aquellos miedos.

La noche antes del discurso presidencial, los soldados con sus fusiles controlaban la plaza de Celendín. La imagen invitaba a refugiarse en un local donde hubiera cerveza y buena conversación. El hotel de Gustavo Salazar ofrecía ambas. El es un contador que trabajó durante 30 años en el Banco de Crédito, en Lima, y ahora vive su jubilación administrando un hospedaje en la plaza del pueblo. Es un hombre calmado, de mirada dura y frases categóricas. “Todos tienen derecho a opinar -dijo mientras me atendía- pero no con violencia”. El prefería no participar en las acciones que organizan sus vecinos. Hacía unos minutos, unas 200 personas -hombres, mujeres, ancianos, niños- habían llegado a la plaza, caminado en silencio y dejado en el atrio de la iglesia decenas de velas encendidas. La policía les recordó que estaba prohibido reunirse y les pidió que se retirasen.

-Toda esta situación ha perjudicado a los negocios -añadió Salazar con resignación de comerciante-. Necesitamos el agua. Pero también el dinero.

En el centro del hotel, seis peces nadaban en una pileta de agua verdosa.

-Es obvio que lo que ha creado Dios, el hombre no lo va a igualar -prosiguió el dueño.

Hablaba en un tono filosófico, pero no se refería a la fuente sino al procedimiento que seguirá el consorcio Conga para extraer el oro. Primero, secará una laguna para convertirla en una mina de tajo abierto y utilizará otras dos para depositar allí los relaves. Después, construirá cuatro reservorios de agua que se alimentarán de las lluvias y que, según su estudio de impacto ambiental, garantizarán el suministro a las 40 mil personas que se abastecen de los ríos que nacen de aquellas fuentes. Así como hay políticos y líderes de opinión que apoyan el proyecto por razones económicas, del otro lado están los ingenieros y ambientalistas que se le oponen por razones de salud pública. El ex funcionario del Banco Mundial Peter Koening es un experto reconocido en manejo de agua y ha explicado que las 20 lagunas y 600 manantiales que existen en aquella zona forman un sistema interconectado de agua, como un aparato circulatorio. Dañar cuatro lagunas será afectar todo el conjunto. Las metáforas evolucionan.

-Un reservorio nunca será igual que una laguna -diría tres noches después un agricultor, dirigiéndose a 50 de sus vecinos, en un pueblo cercano a las fuentes de agua-. Es como el corazón. Si te cambian el corazón por uno falso, todo tu cuerpo y tu sangre cambiarán. El agua de las lagunas es buena, es natural, como la sangre. No es agua empozada. Se filtra por el suelo. Se evapora. Se limpia sola. Allá arriba hay animalitos que viven. Hay truchas. Hay patos. Ellos y nosotros tomamos esta agua.

Ahora, frente a la pileta verdosa del hotel, el antiguo contador bancario que nunca protesta en la calle ni enciende velas, me dijo que los limeños se habían acostumbrado a mirar a las provincias “por encima del hombro. Parece que preferirían que no tuviéramos una opinión”.

***

El estudiante Jorge Chávez se levantó de la cama y se quitó la camiseta para mostrar sus brazos con moretones. Estaba en casa y se distraía mirando la televisión. Hablaba despacio, con pausas, debido al dolor en la boca. Su labio superior lucía hinchado y ocultaba una herida. Los policías que lo detuvieron en Celendín lo trasladaron a una oficina de Cajamarca, a tres horas de distancia, mientras por las redes sociales circulaban noticias y reclamos sobre su arresto. Chávez dice que, al verlo, el oficial a cargo de esa oficina se puso nervioso y empezó a hacer llamadas telefónicas. Su despacho estaba lleno de funcionarios pro Derechos Humanos que esperaban noticias. Liberó a Chávez casi de inmediato.

-Supongo que no soy peligroso -dijo mientras volvía a vestirse, un día después del arresto.

-¿Has visto tu cámara? -le pregunté.

Negó con la cabeza. Su padre, que escuchaba la conversación, se la entregó apenado. Es un hombre bajo, de hombros anchos, que administra un hotel. Chávez revisó el artefacto con minuciosidad de relojero. El lente estaba abierto y no se podía cerrar ni cuando se apagaba la cámara. “Puta madre”, susurró. La dejó sobre el velador y salió a la puerta de su casa a tomar aire. Un policía estaba parado en la vereda, vigilando. Chávez retrocedió y, mirándome, confesó:

-Lo peor es que ahora me dan miedo.


¿A quién tenemos como presidente?
Hugo Blanco
Es preciso recordarlo y comunicar a quienes no se han enterado.
La mayoría de los “políticos” prefiere olvidarlo.
Durante la guerra interna fue jefe militar en Madre Mía, Tocache, Huánuco, con el alias de “capitán Carlos”. Fue denunciado por asesinatos y torturas, luego pagó a los testigos para que cambiaran su declaración.
Se jactó de haber sido felicitado por sus superiores. ¿A quienes felicitaban los jefes en ese período? A quienes mataban inocentes (militares que no querían hacerlo tuvieron que huir del país). Su legajo de servicios militares durante esos años “se perdió”. Ahora sus jefes de entonces son premiados con cargos importantes.
En la campaña del 2006 un político de derecha dijo que no se debía castigar a los militares asesinos denunciados por la Comisión de la Verdad, protestaron los organismos de Derechos Humanos. Él también protestó, pero porque en campaña electoral no se debía tocar ese punto tan delicado para la “familia militar”. Ahora es ésa la familia gobernante.
Posteriormente fue nombrado jefe del cuartel Locumba, en Moquegua, pues Montesinos necesitaba gente de confianza para impulsar el trabajo de reelección de Fujimori.
El 29 de octubre del año 2000, Montesinos llamó cuatro veces desde su celular a dicho cuartel mientras se fugaba del país en el velero “Karisma” al mismo tiempo que se iniciaba el “Locumbazo”. Las llamadas desde el celular 9970-8099 de Montesinos hacia el teléfono fijo054-713791 se realizaron a las 10:52 AM y las tres restantes luego de las 14 horas de ese domingo.
Ollanta sacó del cuartel a 57 soldados a hacer ejercicios. Afuera les comunicó que era un levantamiento contra el gobierno, luego los condujo al campamento minero de Toquepala de donde telefoneó a Radio Programas para comunicar del “levantamiento”, esto era urgente y necesario para que la atención se centrara en el levantamiento y no se sintiera la fuga de Montesinos.
Cuando dejó el campamento sólo le quedaban reservistas que había reclutado Antauro, los soldados habían huido.
Fujimori salió del país y luego renunció por fax. Ocupó la presidencia Valentín Paniagua.
Humala se rindió ante él luego de haber estado paseando por Moquegua y Arequipa durante más de un mes.
Como no ocurre en ninguna parte del mundo, contra ese levantamiento para derrocar al gobierno no hubo ni un disparo, jefes encargados de atacarlo informan que fueron ordenados de ir sin municiones.
¡En más de un mes de “levantamiento para derribar al gobierno” no hubo ni un rasguño!  
Luego estuvo detenido unos días y fue enviado como agregado militar a la embajada en Francia y después a Corea, recibiendo un jugoso sueldo.
Regresó al Perú y aprovechó la organización de reservistas verdaderos y falsos que había montado su hermano Antauro (quien ya estaba preso) a través del periódico Ollanta en el que escribía algunas cosas contra los intereses imperialistas.
Nunca estuvo en ninguna protesta popular. Nunca se dijo izquierdista, eso lo inventaron los “izquierdistas” para acomodarse.
Lo que sí es cierto, es que en su campaña en Cajamarca prometió defender el agua contra el oro y que una de sus primeras actitudes como gobernante fue decir “Conga va sí o sí”.
Jamás estuvo de acuerdo con la democracia. Como recordamos arriba, no consultó a los soldados si querían levantarse contra el gobierno, en tanto jefe militar él les ordenó que lo hicieran. Dice que en su partido no es como los otros, en que las juntas directivas son nombradas por elección. En su partido las designa él.
Nunca hubo congreso en su “partido”, es él quien da las órdenes, ni por un momento dejó su mentalidad jerárquica militar.
Para engañar al pueblo que había votado por él porque prometió cambios, puso un gabinete “progresista” transitorio, al que pronto cambió.
Ahora cambió a Valdés, no por reaccionario, sino porque inocentemente dice las cosas que el presidente piensa pero no las dice, como que admira a Fujimori y que Humala no debe cumplir sus promesas de campaña.
El nuevo gabinete seguirá la misma política aunque no diciendo lo  que piensa.
El pueblo debe ser consciente de que quienes gobiernan son las grandes empresas transnacionales en su propio beneficio a través de “la familia militar“ del presidente.
El Perú continúa siendo colonia, primero fue de España, luego de Inglaterra, después de Estados Unidos y ahora de las empresas transnacionales, a las cuales no les importa si matan a la naturaleza y a la población peruana, sólo les interesa ganar la mayor cantidad de dinero posible en el menor tiempo posible. Ollanta es el virrey.
A pesar de haber sabido esto consideré un triunfo cuando él ganó en las elecciones, pues si cualquier otro ganaba, el pueblo pobre se hubiera sentido derrotado. En cambio cuando Humala triunfó, exclamó “¡Ganamos!”, y cuando inició sus acciones se sintió indignado, traicionado, dispuesto a luchar para defender lo que votó y lo está haciendo.
Sólo el pueblo organizado se liberará a sí mismo.
Publicado en: Lucha Indígena Edición N° 72

Comisión especial ha informado ante Concejo Distrital de Baños del Inca que hay perforaciones en zona protegida.

Perforaciones en la Shacsha

Una comisión especial, integrada por regidores y representantes de la sociedad civil, ha informado ante el pleno del Concejo del Distrito Los Baños del Inca, que se ha encontrado maquinaria pesada en la zona del acuífero La Shacsha.
El alcalde del distrito, Jesús Julca Díaz, señaló que ha recibido el informe, el cual fue expuesto en sesión de concejo.
“Nos preocupa esa situación porque hablamos de nuestro colchón acuífero, de la zona que los bañosinos siempre hemos protegido pues de ahí nace el agua que utilizamos para nuestra consumo, para nuestras actividades, y hemos remitido un documento a la empresa minera para que paralice inmediatamente cualquier operación”, señaló el burgomaestre.
La comisión ha entregado fotos sobre las perforaciones y sobre la presencia de maquinaria en la zona protegida, es un informe que hemos tomado con especial atención, es delicado el tema, enfatizó Julca.
Hablamos de perforaciones profundas, si una empresa inicia exploraciones y operaciones es porque desea explotar, no es un misterio, pero que se tome en cuenta que es nuestro colchón acuífero y es una obligación de todos defender las fuentes de agua, indicó.
Es un tema delicado, tienen muchos aspectos por analizar. Primero, La Shaccsha es el acuífero de Los Baños del Inca, es una zona protegida mediante Ordenanza Municipal No. 051 – 2006, la cual fue emitida por el concejo que lideró José Pajares Abanto. Segundo, hay un litigio entre Minera Yanacocha y el Municipio de Los Baños del Inca, precisamente por esa ordenanza. A decir de la empresa minera no hay facultad del municipio para impedir que realicen operaciones en esa zona, el proceso continúa, detalló Julca Díaz.
El proceso fue presentado por la empresa minera en Lima, se ventila y se desarrolla ese caso en la ciudad capital, algo que en principio nos parece extraño pues el problema es en Cajamarca, destacó.
En primera instancia el Poder Judicial falla a favor de la Municipalidad Distrital de Los Baños del Inca. En febrero del 2011 se nos comunica que el fallo fue a nuestro favor, logramos justicia luego
de cinco años de litigio. Luego apela ese fallo Minera Yanacocha, y el proceso es llevado a “foja cero”, y estamos nuevamente a la espera de un fallo legal, señaló.

PIDEN AYUDA
Una delegación de pobladores y autoridades del distrito de Baños del Inca se acercaron hasta el Gobierno regional de Cajamarca para pedir apoyo el proceso judicial que tienen con la empresa minera Yanacocha, pues dijeron que esta empresa quiere explotar la zona de la Shacsha, pero esta zona está protegida por una ordenanza municipal.
El asesor Legal, Ángel Montes de Oca, detalló que estudiaran el caso, pero por lo pronto aseguró que se afectarían 30 comunidades haciendo un promedio de 10 mil habitantes, y estos pobladores están fastidiados con toda esta situación, pues su principal temor es quedarse sin acceso al líquido elemento.

Fuente: El Mercurio

Foto: @CelendinLibre


Ideeleradio.pe | Lima – Perú | 08-08-2012

El alcalde Jesús Julca Diaz indicó que la población rechaza la actividad minera.

Evalúan acciones legales contra Yanacocha

Cajamarca (Nina Puelles).- La Municipalidad Distrital de Baños del Inca, en Cajamarca, solicitó a la empresa minera Yanacocha abandonar los páramos y jalcas de dicha localidad, para prevenir eventuales hechos de contaminación en las reservas hídricas, informó el alcalde Jesús Julca Diaz.

El burgomaestre indicó, a través de un comunicado, que la Municipalidad Distrital de Baños del Inca evalúa tomar acciones legales contra la empresa minera Yanacocha, pues la demanda viene desde el año 2006. Sostuvo que la población en general rechaza dicha actividad.


Discurso de Pepe Mujica en Río+20