Archivos para 12 febrero, 2012



Marchando bajo la lluvia – “Soboneando a Yanacocha”

Esta semana se reunió el Acuerdo Nacional para discutir el tema del agua. En la reunión se decidió diseñar una política nacional para el uso de este recurso y se sostuvo que esta política debía establecer una jerarquía que diera la primera prioridad al consumo humano y la segunda a la agricultura. Solo luego vendrían otras actividades, incluyendo la minería.

Todo magnífico, si no fuese porque esto es exactamente lo que ya dicta la Ley de Recursos Hídricos. Y porque, claro, plantear el problema del agua como una cuestión de escasez en la que, consiguientemente, el uso de unos deja sin el recurso a otros, supone enfrentar el único problema hídrico que no tenemos y dejar intacto el que sí.

En el Perú abunda el agua. Según cifras de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), estamos entre los veinte países con más agua en el mundo. De los dos billones de metros cúbicos con los que contamos anualmente, conforme a la misma FAO, usamos el 1%. El otro 99% se pierde. Y eso incluye, según la Autoridad Nacional del Agua (ANA) el 98% del agua de la vertiente del Pacífico. Nuestro problema del agua, pues, no es un problema de escasez; es un problema de desaprovechamiento de la que tenemos.

¿Por qué no usamos cada año el 99% del agua de la que disponemos? Pues porque hemos encomendado al Estado generar la infraestructura – represas, reservorios, ductos y demás– necesaria para aprovechar el agua y este lo ha hecho con la destreza con la que suele hacer las cosas. Un ejemplo especialmente relevante en estos días es el Gobierno Regional de Cajamarca. Esta es una región que, conforme las cifras de ANA, usa solo el 20% de su agua. Pues bien, el Gobierno Regional tiene dormidos 11 proyectos relacionados con el agua, pese a tener sus expedientes técnicos ya aprobados y pese a haber devuelto a Lima en el último lustro S/.1.230 millones provenientes del canon de las mineras.

Tampoco es el caso, por cierto, que la minería esté impidiendo que la poca agua que sí tenemos cómo aprovechar pueda llegar a los demás: de esa agua las minas usan menos del 2%.

De los dos billones de metros cúbicos con los que contamos anualmente, conforme a la misma FAO, usamos el 1%. El otro 99% se pierde…

La razón por la que en el Perú encomendamos el agua exclusivamente al Estado es porque creemos que nadie debe hacer negocio con ella, puesto que “es de todos”. ¿De todos? Queremos decir del mar, que es a donde se va cada año la mayor parte de lo que llueve en el país. La verdad es que en el Perú el agua es solo de quienes están cerca de la poca infraestructura hidráulica que hay. Los demás – entre quienes figuran los más pobres– tienen que pagarla a precios altísimos a esos camiones que se pasean por nuestras ciudades y valles. Para no hablar de las zonas rurales en donde no queda más que caminar largas horas para llegar a la fuente más cercana.

Mientras tanto ningún privado (una industria, una explotación agrícola, una comunidad campesina) con derechos de uso de agua comprados al Estado tiene incentivos para desarrollar la infraestructura (como riego por goteo o reservorios) que le permita ahorrar este recurso y trasladarlo luego a donde se necesite. La Ley de Recursos Hídricos prohíbe a los privados vender el agua. Como resultado todos los que tienen derecho a esta usan más de la que podrían y dejan correr el resto, convirtiendo al Perú en un caño permanentemente abierto. Ilustrativamente, al otro lado de la frontera, en Chile, donde los privados pueden vender el agua, estos han desarrollado una infraestructura con la que se irriga casi toda la costa de su país.

¿Por qué si el tema del agua es de escasez y no de aprovechamiento nadie habla de estas cosas? Porque en el Perú el tema del agua no es el agua sino la ideología. El agua es un rehén que ha tomado la izquierda más retrógrada para imponer las teorías que los peruanos hemos rechazado en las urnas. Lo que se quiere es decir, contra todas las cifras, que “las mineras se llevan el agua”. Por eso decía anteayer el señor Santos que el verdadero asunto con la marcha es lograr un nuevo Congreso y una nueva Constitución y por eso declaraba esta semana el señor Aduviri en plena marcha por el agua que la población exige del presidente “La Gran Transformación”. Por eso, en fin, la marcha por el agua ha podido hacer tanto de su recorrido impertérrita, bajo la lluvia.
 

Editorial del diario “El Comercio”

Domingo 12/02/2012


Extraído del blog: El OJO de Rojas
La parte sur de Alemania se caracteriza por su gran cantidad de lagos hermosos que se han convertido en parte de la vida de la población teutona que vive alrededor de estos, un ejemplo, el lago Kochel que se ubica en las afueras de la ciudad de Munich, es un lago pequeño, muy profundo, rodeado de montañas y que cuenta en sus profundidades con tesoros mineros, y, a nadie se le a ocurrido en Alemania sacar todo el agua del lago Kochel para extraer sus minerales, a ningún inversionista alemán se le ocurriría decir que se va sacar el agua del lago Kochel para trasladarlo a otro sitio, a ningún periodista alemán se le ocurriría mencionar tal disparate por TV, porque lo mas seguro es que sería blanco de reproches e insultos y catalogado como todo un chiflado por andar hablando disparates, porque allá la comunicación social es muy estricta y rigurosa, allá no se permite que los periodistas estén manipulando a la población –como muy bien lo hacen Alditus y Althaus en el Perú-.¿De que viven los alemanes que viven alrededor de este lago Kochel? Viven del turismo y de la actividad agropecuaria, porque los alemanes han entendido que tiene que haber un balance, un equilibrio entre la minería y la agricultura (se debe hacer minería donde corresponde y no donde no corresponde). Los alemanes que cuentan con yacimientos de hierro, carbón, uranio, cobre, etc. han comprendido que no pueden y no deben depender solamente de la minería, porque han entendido que la agricultura es más rentable que la minería, y se demuestra. La minería es violenta, claro que crea una explosión económica pero esta explosión no es sostenible, porque se acaba el mineral y se acaba la mina y deja la muerte. En cambio la agricultura genera energía hidroeléctrica, genera vida, genera ecosistemas y crecimiento de población sostenible. La mina no, es solo un campamento y desaparece.
Si el gobierno y los inversionistas quieren represar las lagunas de Conga, pues que lo hagan, pero que lo hagan con el mismo objetivo con las que se hizo la represa de Asuán (Egipto) donde represaron el agua para generar energía hidroeléctrica y crear agricultura -esa obra si sería loable y aplaudible -. Que se hagan represas para generar vida y no para destrozar vida, porque esto último es lo que va a conseguir la mina de tajo abierto que quieren hacer los inversionistas de Yanacocha en las lagunas de Conga. Si estos inversionistas mineros irían a Alemania para trasladar las aguas del lago Kochel para poner relaves mineros, lo mas seguro es que los alemanes y sus autoridades de esa localidad los echarían de sus tierras. Este mismo tipo de inversionistas son los que buscan y tratan de conseguir en países tercermundistas como Perú, lo que no pudieron conseguir en países avanzados como Alemania, y para conseguirlo contrataran y soltaran toda su infantería mediática que consta de: medios escritos, radiales y televisivos, y periodistas como Alditus y Althaus, para lograr sus propósitos. Por lo visto les esta funcionando, porque esa protesta por el agua que le decía no a Conga, sus medios de prensa contratados, la han minimizado y desacreditado con palabras como esta: “Esa marcha por el agua fue un fracaso, solo habían unos cientos (500 a 600 personas)”. Cuando en realidad eran miles y no cientos. Pero esos mismos medios que dan a conocer esas patrañas, esas tretas, esas mentiras al ciudadano peruano,y estos mismos que le dan valía a tales tretas, en un futuro no muy lejano, cuando estemos todos en la calle, desencantados, desesperados, empobrecidos, sin futuro, sin minería y sin agricultura. Entonces esa gente (que se creía eso de: hay que depender de la minería porque somos un país minero) se dará cuenta de que quienes protestaban, esos cuatro gatos, esos cuantos antisistemas, esos cuantos antimineros o esos pocos rojos, caviares y “senderistas” como los llama Aldo Mariategui, estaban en lo cierto. Pero en ese momento, ya no se podrá reaccionar, porque sera demasiado tarde. Tal vez, Alditus y Althaus y esos cuantos inversionistas mineros que se llenarán los bolsillos con el dinero de la minería -como en el pasado sus abuelos o bisabuelos lo hacían con el dinero del guano y del salitre- estarán muy lejos para rendir cuentas.
Nota: El mensaje en si de este articulo es, que no debemos solo depender de la minería, el proyecto Conga es un ejemplo de dependencia a la que nos quieren encadenar nuestros gobernantes y los inversionistas mineros, que quieren que se haga minería donde se debe hacer (que es lo correcto) y donde no se debe hacer minería (que es lo incorrecto).

Por: Rocío Silva Santisteban – @pavese
Foto: Jorge Chavez Ortiz – @ChavezWar

Mientras algunos asesores de inteligencia de las altas esferas, con cierta experiencia en empresas de seguridad de empresas extractivas, se afanan en buscar banderas rojas, trincheras rojas, pañuelos rojos y hasta corazones rojos debajo de cualquier marcha, no se dan cuenta de que hoy en día la izquierda que avanza firme tiene el núcleo verde.
Por eso mismo, tratar de emparentar a estos campesinos y ronderos movilizados desde las lagunas de Celendín con el Movadef o los antauristas no tiene ni pies ni cabeza. Los ronderos que empezaron en 1976 en Cuyumalca, Chota, a vigilar el campo para que los abigeos no les roben su ganado, hoy, muchos años después, extendidos desde Jaén hasta Bambamarca, desde Chugur hasta Llushcapampa, son los que asumen su responsabilidad ante lo que más respetan: el medio ambiente.

Los ronderos, sin ponerles nombre, saben perfectamente qué son y cómo funcionan los complejos sistemas hídricos. Por eso mismo perciben que es estúpido pretender reemplazar una laguna con un reservorio de concreto, o un sistema de ríos con un entramado de tuberías. Los campesinos, al contrario de lo que pretenden hacernos creer quienes quieren verlos tutelados por el Estado como si fueran niños, saben qué le deben a la naturaleza. Por eso y por un reclamo justo tras cientos de años de ninguneo, hoy desde las alturas de Hualgayoc hasta las bajuras del Jequetepeque, la opción que se va perfilando es la izquierda verde.

La izquierda verde es un nuevo concepto que poco a poco –como las marchas por los cerros o los desiertos– va calando en la sociedad porque propone además de la libertad y la equidad el respeto por lo que implica nuestro punto central de vida: el agua, la naturaleza, el medio ambiente, los recursos naturales.

La izquierda verde se sustenta en valores que no son nuevos porque son parte de la vida de los campesinos desde siempre: la solidaridad, la equidad, el regreso de lo que se usa al propio lugar de donde se extrae, el reciclaje, la renovación generacional, apostando además por la alegría, la gratuidad, la confianza, la fe, la pluralidad.

La izquierda verde es ecológica, es sostenible, es sustentable, es ecosocialista. La izquierda verde no debe sucumbir ante la real politik, no se mueve por pragmatismo sino por convicciones, no apuesta a los caudillos sino a la institucionalidad. La izquierda verde no pone entre paréntesis sus valores por una oportunidad.

La izquierda verde es profundamente democrática y debe encabezar las luchas por la justicia social entendida no como chorreo o “inclusión” sino con un paradigma diverso y heterogéneo cuyo “sujeto de acción” no es UNO sino MÚLTIPLE. El hombre criollo urbano y occidental ha dejado de ser el centro; la izquierda verde debe arriesgarse hoy por lo diverso, las mujeres, los indígenas, los otros como nos-otros, la equidad. La izquierda verde propone un nuevo modelo de desarrollo entendido como una diferente manera de vivir: dar, recibir, devolver. La izquierda verde no se acerca, ya está aquí.